
Los Ángeles.- A medida que se intensifican los fenómenos meteorológicos extremos, el debate público sobre el cambio climático prácticamente ha desaparecido, algunos analistas lo llaman el síndrome del «silencio impuesto».
Durante la videoconferencia “Climate Change – The Issue That Dropped Off the Political Radar” organizada por American Community Media, los científicos climáticos pronostican que El Niño podría convertirse en el evento más potente del siglo, un fenómeno «monstruoso».
Sin embargo, los gobiernos y las empresas están reduciendo sus compromisos climáticos, mientras se propaga información errónea sobre las energías limpias, su crecimiento y sus costos.
¿Cómo están salvando los científicos climáticos la brecha entre la cambiante política federal y la comunicación sobre el clima, por un lado, y las condiciones meteorológicas extremas que todos sufrimos, desde sequías e inundaciones hasta el aumento del nivel del mar?
¿Cómo se están adaptando y fortaleciendo su resiliencia las comunidades que se encuentran en primera línea?
“Aunque quizás estemos teniendo un discurso más limitado sobre el cambio climático, creo que en todo el mundo la gente está sintiendo con gran intensidad los efectos de los fenómenos climáticos y meteorológicos extremos”, opinó Karen McKinnon, profesora asociada de Estadística y Medio Ambiente de UCLA.
Sin embargo, agregó, que se vive un momento interesante en el que, si bien existe cierta resistencia política, también existe la oportunidad de ser más conscientes del cambio climático y de responder mejor ante él.
Al hablar de sobre algunos de los fenómenos climáticos y meteorológicos extremos que están ocurriendo actualmente, como el calor extremo que azota la Costa Este de Estados Unidos y a Europa, McKinnon ofreció reflexiones sobre cómo podríamos modificar el discurso en torno a la ciencia climática y el cambio climático para, con suerte, impulsar una mejor respuesta.
“En cuanto a lo que está sucediendo en el mundo ahora mismo, creo que la gente es consciente de ello”, dijo. “Hemos tenido olas de calor extremas que han batido récords en Europa, donde la población a menudo está menos adaptada al cambio climático. Fue un episodio importante ocurrido en junio, tras otra ola de calor considerable que Europa sufrió en mayo, y he visto que se prevé otra más.
‘Este calor extremo y los efectos sobre la calidad del aire aumentan de forma cuantificable la mortalidad’
Karen McKinnon,
profesora asociada de Estadística y Medio Ambiente de UCLA.
Comentó que en la Costa Este de EU se está produciendo una especie de doble golpe, no solo las temperaturas son cálidas, sino que la humedad también es elevada.
“He escuchado a gente citar los pronósticos meteorológicos basándose en la temperatura de «sensación térmica”, que tiene en cuenta la humedad, la cual se acercaba a los 118 grados Fahrenheit (unos 48 °C) en algunos lugares”, añadió. “Ese nivel de calor hace que estar al aire libre es peligroso”.
Agregó que cuando los habitantes de la Costa Este pensaron que ya habían superado la ola de calor, se presentaron los incendios forestales en Canadá.
“Las enormes masas de humo que se desplazan desde Canadá, pasando por el Medio Oeste de EU hasta llegar a la Costa Este generan condiciones peligrosas. Respirar todo ese humo de los incendios conlleva un gran riesgo”, expresó.
El Niño
McKinnon destacó el papel de los episodios de El Niño en la intensificación de estos efectos y señaló que las temperaturas globales son más elevadas durante dichos periodos.
“Antes de que ocurrieran estos fenómenos extremos, ya se preveía la llegada de un episodio de El Niño de gran magnitud, el cual, por sí mismo, también provoca condiciones meteorológicas extremas”, comentó. “Están ocurriendo muchas cosas en el ámbito del tiempo y el clima que afectan considerablemente tanto a la calidad de vida cotidiana de las personas como a sus medios de subsistencia”, expresó.
Dijo que el fenómeno de El Niño, que está por suceder, se asocia, básicamente, a un desplazamiento del centro de convección profunda en el Pacífico tropical.
“En cierto sentido es un fenómeno local, pero tiene repercusiones globales de gran magnitud”, explicó. “Y, lo que es más importante, provoca esencialmente una transferencia de calor del océano a la atmósfera”.
McKinnon dijo que debido a ello, las temperaturas globales tienden a ser más elevadas durante los episodios de El Niño, lo que implica, naturalmente, que también aumentan las temperaturas locales en los lugares donde vivimos, especialmente en los trópicos, donde ya de por sí son altas.
“Durante estos episodios de El Niño, dichas temperaturas alcanzan niveles muy elevados”, agregó. “El Niño es un fenómeno interesante, como comunidad científica, aún no existe consenso ni certeza sobre si el cambio climático está alterando el fenómeno en sí”.
La aparición de El Niño es un fenómeno natural que ha ocurrido a lo largo de la historia, y desconocemos si el fenómeno mismo está cambiando.
“Sin embargo, lo que sí sabemos es que los episodios actuales de El Niño se producen en un contexto de calentamiento climático ya existente”, dijo. “Esas temperaturas se suman al calentamiento que ya experimentamos debido al cambio climático. En consecuencia, los impactos de un determinado episodio de El Niño son mayores hoy en día ya que las temperaturas elevadas de base se combinan con el calor adicional generado por el fenómeno”.
La profesora añadió que tal vez de forma sorprendente, se puede afirmar con cierto grado de certeza que lo mismo ocurre con las precipitaciones.
“Resulta que, al calentarse, la atmósfera tiene mayor capacidad para retener agua. Por tanto, cuando se producen precipitaciones extremas, que también pueden ser causadas por El Niño, la cantidad de lluvia puede ser mayor, ya que la atmósfera más cálida contiene más vapor de agua y, al precipitar, cae una mayor cantidad de agua”, expresó.
Explicó que si bien, El Niño no está cambiando necesariamente debido al cambio climático, es probable que sus impactos se vean amplificados tanto en lo que respecta a la temperatura como a las precipitaciones.
En cuanto a los episodios de calor extremo, McKinnon opinó que es realmente uno de los componentes más evidentes, y que prácticamente no admite debate, del cambio climático.
“Yo diría que, a estas alturas, prácticamente todos los episodios de calor extremo son más intensos debido al cambio climático, ya que los patrones meteorológicos que generan el calor se producen sobre una base térmica más elevada; por ello, estamos experimentando una sucesión constante de olas de calor que baten récords, algo que, creo, nos resulta sorprendente a quienes lo vivimos directamente”, explicó.
Impactos en la salud
La profesora de UCLA destacó que el calor extremo y los efectos sobre la calidad del aire que se experimenta aumentan de forma cuantificable la mortalidad.
“Estamos ante impactos de gran envergadura que no solo afectan a la calidad de vida, sino también a los medios de vida y a la mortalidad humana”, expresó.
McKinnon hizo hincapié en la necesidad de modificar la narrativa sobre el cambio climático para lograr una mayor resonancia entre el público.
Centros de Resiliencia Comunitaria
Shina Robinson, directora de proyectos de resiliencia de Asian Pacific Environmental Network (APEN), dijo que la organización ha defendido los intereses de las comunidades de inmigrantes y refugiados asiático-estadounidenses, principalmente en el Área de la Bahía de California, por 30 años.
Explicó que APEN centra su labor en los centros de resiliencia: instalaciones comunitarias que ofrecen servicios durante todo el año y brindan apoyo en situaciones de desastre.
“Nuestras comunidades se enfrentan a las injusticias ambientales cotidianas propias de vivir en primera línea, junto a refinerías, zonas de alta contaminación industrial y corredores de tráfico intenso.
“A esto se suman los impactos climáticos, que agravan en cadena las amenazas y los problemas que afrontamos”, añadió.
Robinson dijo que por ejemplo, la zona cuenta con corredores de tráfico de diésel provenientes del puerto de Oakland sumados al humo de incendios forestales durante una temporada prolongada.
“Todo ello mientras nuestra gente vive en viviendas antiguas y sin aislamiento que atrapan el calor y la contaminación del aire; o bien, puede ocurrir a la inversa”, señaló. “Vemos cortes de electricidad provocados por olas de calor que derivan en fallos en las refinerías, lo que a su vez causa la quema de gases en las chimeneas o incendios”.
Por tanto, agregó, APEN tiene mucha experiencia en cómo frenar los riesgos y amenazas a los que la comunidad se enfrenta.
“Al mismo tiempo, realizamos un trabajo profundo con la comunidad para crear visiones colectivas sobre lo que queremos construir en su lugar, conscientes de que el modelo actual no es sostenible», expresó.
Dijo que hacen todo lo posible por generar impulso y desarrollar nuevos proyectos, a pesar de la situación a nivel federal y estatal en cuanto a recursos y amenazas para este tipo de iniciativas.
Robinson agregó que el concepto de «centros de resiliencia» se han convertido en un eje central de la respuesta a esta problemática.
“Cuando hablamos de centros de resiliencia, nos referimos a instituciones o instalaciones comunitarias de confianza a las que acude la gente”, expresó. “Son lugares que ofrecen acceso a servicios y programas durante todo el año”.
Dijo que son lugares para acceder a información y conectar con los vecinos, y quizás para desarrollar capacidades antes, durante y después de un desastre. Ese lugar puede ser, por ejemplo, la biblioteca local.
“Podría ser un centro recreativo, u otros centros comunitarios. Hacemos hincapié en esto porque consideramos que las comunidades resilientes son comunidades organizadas y conectadas; ofrecen una respuesta colectiva, especialmente cuando se trata de comunidades como la nuestra, formada por familias trabajadoras e inquilinos, que tal vez no tengan los medios para implementar por su cuenta medidas de adaptación o mitigación, como instalar paneles solares en sus tejados o comprar filtros de aire costosos”, agregó.
Opinó que si se invierte en espacios colectivos, se puede proteger a muchas más personas e involucrarse en el proceso de diseñar lo que se espera ver.
Por ejemplo, dijo que cuentan con un proyecto muy interesante en el Centro Recreativo Lincoln, situado en el barrio chino (Chinatown) y está previsto que se convierta en uno de los primeros centros municipales de resiliencia del país.
“Se convertirá en el primer centro de resiliencia municipal y ofrecerá servicios como asistencia para el programa CalFresh, registro de votantes y clases de preparación para emergencias en varios idiomas.
“El centro contará con paneles solares en la azotea, sistemas de respaldo de energía con baterías, nuevos sistemas de climatización (HVAC), filtración de aire y una cocina comunitaria”, informó.
El proyecto, agregó, es un ejemplo de resiliencia y defensa impulsadas por la propia comunidad, con el objetivo de apoyar a los grupos vulnerables afectados por las crisis climáticas.
Robinson dijo que el centro atiende a unas mil personas al día, desde personas mayores que acuden por la mañana a clases de taichí, tenis de mesa y baile, hasta los programas extraescolares y las actividades nocturnas para adolescentes en las canchas de baloncesto.
“Es un espacio muy intergeneracional, abierto desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche, los siete días de la semana, y frecuentado mayoritariamente por familias trabajadoras’, dijo.
Conectando fenómenos climáticos dispares
Mark Valentine, asesor sénior de los Omega Resilience Awards y fundador de ReFrame It, informó que la institución que representa es un proyecto de becas centrado en el liderazgo de base y en nuevos enfoques sobre resiliencia y mitigación en el “mundo mayoritario”.
Agregó que el proyecto, que cuenta con colaboradores en Buenos Aires, el delta del Níger y Delhi, seleccionó y apoyó a 63 becarios de entre más de mil 500 candidatos.
“Estos becarios abordan diversas cuestiones, como el extractivismo verde, los proyectos hidroeléctricos y los impactos de la energía eólica, y promueven comunidades resilientes mediante estrategias de adaptación y herramientas narrativas”, comentó.
Indicó que la iniciativa busca conectar fenómenos climáticos dispares, fomentar la cohesión comunitaria y cuestionar el capitalismo extractivo para impulsar soluciones duraderas.
“Partimos de la premisa de intentar comprender cómo se está desarrollando la policrisis global; aunque el término «policrisis» puede resultar complejo, en realidad se refiere a la convergencia de fuerzas económicas, ambientales y políticas”, dijo Valentine. “Es como esos viejos videos de filas de fichas de dominó que convergen y luego caen todas en cadena, o bien otras metáforas relacionadas con ríos e inundaciones; la idea central es la convergencia de crisis”.
Dijo que pretendían identificar a personas en estas diversas geografías que trabajaran desde distintas perspectivas, mercados laborales, medio ambiente, defensa de la tierra en América Latina, energías renovables, pero todas con el objetivo común de fomentar la resiliencia a nivel comunitario.
“Al reflexionar sobre estas cuestiones, entre las cuales el clima destaca especialmente, observamos que la mayoría de las narrativas sobre el futuro están impregnadas de desesperanza”, comentó. “Se centran en la aparición de diversos tipos de desastres: inundaciones costeras, incendios forestales, sequías, etcétera.
Valentine dijo que para identificar temas diferentes que pudieran resultar más inspiradores y esperanzadores, lanzaron el proyecto con tres socios: uno con sede en Buenos Aires; otro en el delta del Níger (Nigeria), el corazón de la producción petrolera de Shell y escenario de décadas de activismo, conflictos y litigios; y un tercer socio con sede en Delhi.
“A lo largo de tres años, estos socios, con nuestro apoyo, identificaron a más de mil 500 personas que cumplían con los requisitos para ser consideradas; de ellas, se seleccionaron 63, a quienes se brindó diversos tipos de apoyo, tanto financiero como de capacitación”, indicó. “La idea es promover distintos enfoques para abordar las diversas facetas de ese contexto más amplio de policrisis y resiliencia”, dijo Valentine.

