Su madre dice que el ICE golpeó a su hijo. Ahora busca respuestas

Por: Especial
Alba Beltrán con su hijo Jefersson. (Cortesía de Alba Beltrán).

Por: Araceli Martinez / ACoM

SANTA MARIA.- Cuando Jefersson Bladimir Alemán Beltrán abandonó la cárcel de Santa María, California, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lo detuvieron de inmediato. Según la madre de Jefersson, quien había acudido a recogerlo ese día, uno de los agentes comenzó a golpearlo después de subirlo a una camioneta.

“Mientras lo golpeaba, el agente le dijo a mi hijo: ‘Eres un abusador ilegal. No perteneces a este país’”, dijo Alba Beltrán, recordando las palabras de su hijo.

Jefersson, de 19 años, fue detenido el 21 de julio por la policía de Santa María, una ciudad de mayoría latina situada en el condado de Santa Bárbara, bajo sospecha de conducta sexual inapropiada. Dos días después, un juez desestimó los cargos por falta de pruebas. Beltrán fue puesto en libertad el 24 de julio.

Según su madre, la Oficina del Sheriff del condado de Santa Bárbara, a cargo de la cárcel de Santa María, alertó al ICE justo antes de liberar a su hijo, en aparente violación de la Ley Santuario de California que prohíbe la colaboración entre las fuerzas del orden locales y los agentes federales de inmigración.

ACoM contactó tanto al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) como a la oficina del sheriff para solicitar comentarios, pero no recibió respuesta antes del momento de la publicación.

“Estaba dentro de mi auto en el estacionamiento de la comisaría, esperando para recoger a mi hijo, cuando vi llegar cuatro vehículos de los que bajaron agentes de ICE con el rostro cubierto. Mi hijo no opuso resistencia cuando lo detuvieron”, relató Beltrán. “Muerta de miedo, me tiré al suelo del auto. Yo también soy indocumentada”.

Beltrán llegó a California en 2009 procedente de su natal El Salvador. Su hijo, Jefersson, entró en Estados Unidos en 2019, a los 14 años, como menor no acompañado, y poco después se reunió en Santa María con un hermano mayor y con su madre. Jefersson se graduó de la escuela secundaria Santa Maria High School el año pasado. Tanto él como su madre trabajan en los campos de fresas que rodean la ciudad.

“Los problemas de Jefersson comenzaron cuando se enamoró de una joven y, tras terminar la relación, empezó a salir con una prima de ella”, explicó Beltrán.

“La situación se complicó”, continuó, “cuando otra prima de su primera exnovia acusó a Jefersson de abuso y obtuvo una orden de restricción en su contra. Mi hijo nunca tuvo una relación con la chica que lo acusó”, señaló. “Creemos que todo fue un plan para separar a mi hijo de su nueva novia”.

Tras presenciar la detención de su hijo por parte de ICE, Beltrán en estado de shock, se dirigió al Marian Regional Health Center, donde su hijo menor acababa de someterse a una cirugía menor.

“Fue allí donde vi una publicación en Facebook en mi teléfono informando que un joven acababa de ser ingresado en el hospital tras haber sido brutalmente golpeado por agentes de ICE”, relató.

Beltrán pensó de inmediato en su hijo, Jefersson. Desesperada, bajó corriendo las escaleras del hospital hasta la recepción para preguntar si lo estaban atendiendo allí.

“Las enfermeras se negaron a darme cualquier información”, dijo Beltrán. “Regresé a la habitación de mi hijo menor y desde allí llamé al 911 pidiendo ayuda. Me dijeron que no era asunto suyo”.

Esa noche, alrededor de las 7:00 p.m., Beltrán recibió una llamada. Jefersson estaba llorando. Le explicó que un agente de ICE lo había golpeado y que, de hecho, se encontraba en el mismo hospital donde atendían a su hermano menor.

Esa noche, alrededor de las 7 p. m., Beltrán recibió una llamada. Jefersson estaba llorando. Le explicó que un agente de ICE lo había golpeado y que, de hecho, se encontraba en el mismo hospital donde atendían a su hermano menor.

Según Beltrán, su hijo le contó que un agente de ICE «me golpeó en la cabeza y el pecho cuando me negué a responder si estaba ilegalmente en el país, y le dije que quería hablar con un abogado».

Jefferson le dijo a su madre que lo habían mantenido inmovilizado y desnudo en una cama de hospital, «sin siquiera una manta para cubrirme». Más tarde fue trasladado a una celda en un centro de procesamiento del ICE en Santa María, donde, según Beltrán, continuaron los abusos.

Actualmente, Jefferson se encuentra recluido en el Centro de Detención de Adelanto, a las afueras de Los Ángeles; allí, un panel de tres jueces dictaminó recientemente que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) es responsable de las numerosas denuncias sobre condiciones inhumanas.

Beltrán no ha podido visitar a su hijo en Adelanto debido a su propia situación migratoria.

Por otra parte, los registros médicos que Beltrán obtuvo del Marian Regional Health Center no mencionan las lesiones que, según ella, su hijo sufrió a manos del agente de ICE. Ella señala que tuvo que acudir cuatro veces al hospital a lo largo de un mes para que le entregaran los documentos, y añade que también le cobraron 380 dólares por las radiografías realizadas durante la hospitalización de su hijo.

Sin embargo, dos personas que brindan servicios de apoyo a inmigrantes detenidos en Adelanto y que hablaron con Jefferson tras su detención a finales de julio declararon a ACoM que él presentaba «moretones en el pecho, tenía el cuello hinchado y se quejaba de dolor de espalda».

Estas personas solicitaron mantener el anonimato por temor a represalias por parte de los funcionarios de Adelanto, incluida la posibilidad de que se les prohibiera la entrada al centro para seguir brindando asistencia a los detenidos.

“También vi al joven muy preocupado, deprimido y sollozando”, dijo una persona.

ACoM contactó al Marian Regional Health Center para solicitar comentarios sobre el retraso en el envío de los expedientes médicos y sobre el tratamiento que recibió Jefersson allí. Aún no hemos recibido respuesta.

Aunque no puede visitarlo, Alba habla a diario por teléfono con su hijo desde que él llegó a Adelanto. “Me dice que no puede creer lo que está viviendo… que no se lo merece. A veces llora mucho”.

Ella añade que, cuando tenía 16 años, Jefersson intentó suicidarse una vez. Su salud mental es una preocupación constante para ella.

“Sus compañeros de celda me suplican que busque ayuda, que mi hijo no está bien y que no puedo quedarme callada”, dice Alba.

En julio, la ACLU publicó un informe titulado “Agents of Chaos and Cruelty” (Agentes del caos y la crueldad), que detalla incidentes relacionados con operaciones de control migratorio en ocho estados, incluida California. Según los autores, de los más de 1,200 incidentes examinados, más de uno de cada cuatro implicó el uso agresivo y a menudo ilegal de la fuerza por parte de agentes del ICE.

“Mucho más allá de Minneapolis, la administración Trump ha desplegado una fuerza policial nacional de deportación que ha cometido violaciones de los derechos civiles a una escala y con una gravedad sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos, convirtiendo escuelas, paradas de autobús y supermercados en escenarios de violencia y abuso”, afirmó Naureen Shah, directora de políticas y asuntos gubernamentales y coautora del informe.

“No me sorprende lo que le pasó a Jefersson”, dice el pastor Guillermo Torres, de la organización Clergy and Laity United for Economic Justice (CLUE), quien realiza visitas semanales al Centro de Detención de Adelanto. “Se ha convertido en una práctica muy común que los agentes del ICE golpeen a los inmigrantes que detienen”.

Torres describió el caso de una mujer nicaragüense que conoció en el centro: “Era vendedora ambulante en Los Ángeles y fue golpeada cuando corría para evitar ser arrestada el 25 de noviembre. Tengo fotos de los moretones que le causaron”.

Y añade: “Hay muchos casos de abuso físico contra inmigrantes detenidos que no salen a la luz”, dice Torres, “y no hay nada que se pueda hacer contra los agentes del ICE que se toman la justicia por su mano”. 

Este reportaje se produjo como parte de “Aquí Estamos/Here We Stand”, un proyecto de periodismo colaborativo de American Community Media y medios de comunicación comunitarios de todo el estado.

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