
Por: Daniela Sichel
Licensed Marriage and Family Therapist
CEO and Co-Founder Opción Yo
Cada año, más de 720.000 personas se suicidan en el mundo y detrás de ese número hay familia, pareja, amigos y personas cercanas que han quedado intentando entender algo que muchas veces no tiene una respuesta sencilla.
A lo largo de mi carrera y desde Opción Yo me ha tocado la difícil tarea de acompañar el duelo más complejo, el que está empañado por la culpa.
Después de un suicidio se instalan una serie de preguntas que jamás serán respondidas: ¿qué no vimos?, ¿por qué no me di cuenta?, como si el final hubiera sido nuestra responsabilidad pero aquí no se trata solo de una pérdida, es una decisión inesperada y traumática que nos deja en estado de shock, enojo, confusión y vergüenza.
Padres, hermanos, hijos, parejas y amigos quedan atrapados durante mucho tiempo pensando que una llamada, una conversación o un gesto diferente habría cambiado el desenlace y cuando esa culpa se instala y no se procesa, puede convertirse en aislamiento, ansiedad, depresión o una dificultad profunda para continuar con la propia vida.
Es ahí donde el acompañamiento se convierte en un recurso esencial ya que, si bien no se puede revertir lo sucedido, hay herramientas que ayudarán a procesar el impacto traumático de la pérdida y tanto la terapia individual como los grupos de apoyo pueden disminuir significativamente la sensación de soledad. A veces el solo hecho de escuchar a otro decir “yo también pensé eso” puede ser reparador y el comienzo de un camino hacia la aceptación.
Atravesar estas pérdidas a la distancia es aún más doloroso. En muchas familias, el suicidio se convierte en un secreto. No se nombra, no se habla: la historia de quien murió queda reducida a la manera en que terminó su vida. Pero es importante recordar a esa persona completa, con su historia, lo que amaba, lo que aportó, sus vínculos, los momentos compartidos y todo aquello que también existió.
Este 10 de septiembre es el Día internacional de la prevención del suicidio. La palabra prevención aquí no es tan simple como un chequeo que mide un valor en sangre porque hablamos de emociones que muchas veces se silencian o se viven en la intimidad más solitaria.
No se puede evitar la emoción, el dolor, la angustia o la ansiedad pero sí se puede buscar ayuda, como se hace con otras dolencias.
Si un familiar o amigo expresa desesperanza, regala pertenencias, se aísla repentinamente o muestra cambios importantes en su comportamiento, no lo minimices ni esperes a que “se le pase”. Escucha sin juzgar, anímalo a buscar apoyo profesional y acompaña el proceso.
Y si eres tú quien está atravesando ese momento, pedir ayuda no significa debilidad ni incapacidad. ¿Dudarías en ir al médico si te caes y te rompes una pierna? Los profesionales de la salud mental son, al igual que un traumatólogo, el recurso para sanar y mejorar una dolencia o una herida.

