Durante el Mes de la Historia de la Mujer, Metro destaca la historia de Daniela Amores, directora sénior en control de proyectos de ingeniería en operaciones. Aunque su trabajo se realiza principalmente entre bastidores, es fundamental para mantener el sistema de Metro seguro, confiable y en funcionamiento para los millones de pasajeros que dependen de él a diario. Continúa leyendo para conocer más sobre su carrera.

Por: Mey Lyn Mitteenn / El Pasajero
Daniela Amores conserva una fotografía donde se le ve junto a su madre en una estación de tren de Miami cuando tenía tres años. En aquel entonces, solo se trató de una instantánea familiar. Años después, sería ella quien se encargaría del mantenimiento de ese mismo sistema como ingeniera.
Hoy en día, Daniela se desempeña como directora sénior en el control de proyectos de ingeniería en operaciones en Metro. En resumen, ayuda a garantizar que la infraestructura de la red de Metro (como control de trenes, tracción, sistemas de comunicación, componentes de las vías y más) reciba el soporte de ingeniería necesario para su correcto funcionamiento. El equipo de Daniela trabaja en estrecha colaboración con los equipos de mantenimiento, quienes se encargan de las inspecciones y reparaciones diarias. Pero cuando un problema no se puede resolver mediante procedimientos de rutina, se deriva a su equipo para obtener un soporte de ingeniería más profundo.
Una de las principales responsabilidades de Daniela es supervisar lo que las agencias de transporte llaman “state of good repair” (buen estado de conservación), es decir, mantener el funcionamiento de los equipos de Metro a través de sustituir o modernizar la infraestructura. Su equipo gestiona 80 proyectos que Metro gestiona y ejecuta internamente, lo que representa millones de dólares en trabajo en todo el sistema.

“Nos encargamos de la infraestructura existente”, dice. Explica que si por ejemplo, una vivienda necesita reemplazar el sistema de climatización, cambiar las tejas del techo o actualizar los paneles eléctricos, el trabajo es similar al que realiza su equipo: mantener y renovar lo que ya existe. Algo que se lleva a cabo actualmente es el reemplazo de la catenaria aérea (las líneas eléctricas que alimentan los trenes) en la Línea C de Metro. El sistema ha estado en servicio desde 1995 y ahora se está modernizando.
Finalmente, los proyectos recaen sobre Daniela, quien también ayuda a garantizar que las obras se ajusten al cronograma, al presupuesto y a los recursos adecuados, a la vez que coordina las actualizaciones para la dirección ejecutiva de Metro.
Daniela junto a su equipo, quien trabaja para modernizar la catenaria aérea de la Línea C de Metro. / Fotos: Aurelia Ventura.

Pero su trayectoria en la ingeniería comenzó mucho antes de unirse a Metro. Nacida en Quito, Ecuador, se mudó a Estados Unidos a los tres años y creció en Florida después de que su madre ayudara a la familia a relocalizarse.
Posteriormente, Daniela obtuvo un título en ingeniería en la Universidad de Brown, una universidad de la Ivy League, y lo complementó con clases de negocios, economía y finanzas. Para ella, esta profesión le abrió puertas y le brindó una carrera estable. Sin embargo, el camino no fue fácil. Al principio, dice, el camino se sintió un poco solitario. De los casi 100 estudiantes en su clase de ingeniería, menos de 10 eran mujeres.
Después de graduarse, Daniela se incorporó al sector de la construcción en la industria de trenes. Su primer trabajo importante fue en un proyecto de tren ligero en Phoenix cuando tenía solo 24 años y trabajaba como ingeniera de campo, supervisando la instalación de sistemas de comunicaciones y tracción eléctrica.
Como joven latina que ingresaba a un campo dominado por hombres, no fue un comienzo fácil. “Vas a la escuela y te enseñan la teoría y los principios de la gestión de proyectos”, dijo. “Pero no te enseñan a dirigir a personas con más antigüedad que tú [en el campo]”.
Así que, en lugar de ir a las obras explicando a los trabajadores experimentados cómo hacer su trabajo, Daniela adoptó un enfoque diferente. “Les preguntaba sobre su trabajo y sus métodos”, dijo. “Más tarde, ellos mismos empezaron a compartir consejos interesantes”. Ese enfoque le ayudó a generar confianza y vínculos para poder trabajar juntos y en equipo.
Hablar español también la ayudó a conectar con muchos trabajadores de primera línea en entornos de la construcción, donde algunos se sentían más cómodos comunicándose en su lengua materna.
Con el tiempo, Daniela trabajó en importantes proyectos de tren en todo el país, ayudando a construir sistemas de tren ligero emergentes en Phoenix, Seattle, Salt Lake City y Dallas. “Todo eso fue desde cero, no existía nada de trenes”, dijo. “Trabajé en esos proyectos y ayudé a ponerlos en marcha”.

A lo largo del camino, hubo momentos difíciles. Al principio de su carrera, Daniela sufrió acoso. Por eso hoy, ya con más experiencia, apoya a otras mujeres que se incorporan al sector y comparte consejos para afrontar este tipo de situaciones. “También he hablado otras personas en la industria sobre esto, para que estén atentos a estos problemas para las nuevas generaciones que se incorporan”, dice.
Daniela admite que durante los primeros años de su carrera, deseaba haber tenido mentores que la guiaran. No obstante, a menudo, “solo tenía que confiar en mi propia experiencia y conocimiento para decir: ‘Aquí pertenezco’”. Con el tiempo, su determinación la ayudó a crecer. En Miami, se convirtió en la primera mujer en dirigir los departamentos de control de trenes y tracción eléctrica.
La ingeniería en general le ha enseñado resiliencia, una fortaleza arraigada en el ejemplo de su madre.
Daniela describe a su madre como la persona que cambió la trayectoria de su familia. Tras estudiar en Estados Unidos durante su adolescencia, su madre logró obtener la residencia y finalmente ayudó a traer a la familia desde Ecuador. Ella llegó primero, consiguió un trabajo y encontró un lugar donde vivir antes de que Daniela, su hermano y su padre se unieran a ella.

Más tarde, su madre estudió por las noches y volvió a presentar sus exámenes de enfermería para obtener la certificación en Estados Unidos. También fue quien animó constantemente a Daniela a buscar su educación e independencia.
Ahora, tras casi dos décadas en la industria ferroviaria y unos 16 meses en Metro, Daniela afirma que una de las cosas que más valora de su puesto es el equipo con el que trabaja a diario. “Amo a mi equipo”, dijo. “El mundo de la ingeniería en trenes es pequeño, y es emocionante trabajar con personas que se preocupan por mantener el sistema en funcionamiento”. Durante el Mes de la Historia de la Mujer, Daniela espera que las jóvenes que lean su historia se den cuenta de que hay un lugar para ellas en la ingeniería y en el sector del transporte. “Sueña en grande”, dice. “Tú puedes ser más de lo que la sociedad te impone”.
En casi 20 años en la industria, solo ha tenido una jefa. Sin embargo, Daniela afirma que cada vez hay más mujeres entrando en el sector. “Estamos rompiendo barreras en estas últimas generaciones”, afirma. “Espero que las jóvenes vean que les estamos dando más espacio”.


