
Por Patti Reyes
@lapattireyes
Lo único más poderoso que el miedo es el amor.
Con esa verdad simple y devastadora, Bad Bunny tomó el escenario del Halftime Show del Súper Bowl 2026 y lo convirtió en territorio latino. No fue solo una presentación musical: fue una declaración histórica. Una respuesta directa al poder, al racismo y al odio, dicha no con discursos, sino con arte, folklore, salsa y ritmo caribeño.
En el evento más norteamericano de todos, el Conejo Malo armó una fiesta profundamente nuestra. La escenografía impecable, la secuencia narrativa y el despliegue audiovisual rozaron la perfección. Cada cuadro fue un acto de identidad. Cada canción, un recordatorio de que la música latina no pide permiso: entra, sacude y se queda.

Para millones de latinos que han vivido, migrado, resistido y soñado en Estados Unidos, la emoción fue imposible de contener. Lágrimas, piel de gallina, orgullo desbordado. Escuchar el nombre de tu país mientras ondea la bandera estadounidense no fue casualidad, fue un gesto político, cultural y profundamente humano. Un acierto quirúrgico de Benito Martínez, que entendió que la representación también sana.
Los invitados de lujo confirmaron el mensaje. Lady Gaga y Ricky Martin no llegaron a adornar el escenario, llegaron a amplificarlo. Gaga, interpretando una versión salsera de “Die With a Smile”, regaló uno de los momentos más sublimes y conmovedores de la noche: un puente perfecto entre culturas. Ricky Martin fue la cereza del pastel, un guiño a Puerto Rico y, al mismo tiempo, un abrazo a todos los artistas latinos que han abierto camino antes y después.
Lo ocurrido marcó un antes y un después en la historia de los medios tiempos del Súper Bowl. Ya no se trata solo de espectáculo, sino de identidad, memoria y futuro. Bad Bunny no solo puso a Puerto Rico en el centro del mundo; puso a toda Latinoamérica de pie.
Y si no eras fan… Después de esta presentación, al menos, lo vas a respetar.

