- El periodista convirtió las historias que recopiló como periodista en el ejemplar ‘Ecos Migrantes’. El autor se presentará junto a Jal presentador de tv Julio Vaquerio en el próximo Festival del Libro del LA Times el 18 de abril en la Universidad del Sur de California (USC)

Por: Nora Estrada / Kiosko News
Los Ángeles.- Aunque llegó en avión y con trabajo seguro desde su natal El Salvador, Soudi Jiménez, autor del libro “Ecos Migrantes”, también experimentó las adversidades que cualquier migrante vive… Se alimentaba con McChicken de «a dólar» , y, vivió en un cuartito donde tenía que doblar la colchoneta para poder caminar.
Es más, hasta estuvo a punto de regresar a su país porque no se adaptaba a Estados Unidos y extrañaba a su familia y un estilo de vida respetable.
Hizo de tripas corazón y probó y aprobó su resiliencia.
El periodista también venció sus miedos y se acopló a los cambios culturales, políticos y gastronómicos, sin olvidar sus raíces.
Veinte años después, Jiménez labora en un medio de comunicación respetable, el LA Times en español, se ha ganado a la comunidad y ya tiene su primer libro.
“Ecos Migrantes” consta de 27 relatos, 15 semblanzas y 12 artículos que estremecen,, no solo a los latinoamericanos, sino también de migrantes de otros continentes.
“Después de cada presentación, evento o entrevista relacionado a mi libro, me quedo siempre con cosas positivas, reflexiones y lecciones porque se me acercan muchos migrantes, pero lo que me asombra, es cuando provienen de otras culturas.
“Me doy cuenta que nuestras historias conmueven porque al final son humanas, y cuando hablas de emociones, experiencias y testimonios logras conectar con otros”.

Jiménez recordó el caso de un joven ruso que ingresó a una presentación en la biblioteca del Colegio Comunitario de Santa Barbara.
“Dijo que se iba a quedar un ratito, pero se mantuvo durante la duración de la charla en inglés y fue el más participativo”, recordó. “Antes de irse le dijo a los estudiantes de ESL y de Español que se iba a inscribir junto a ellos para aprender nuestro idioma y comprender más a nuestra comunidad.
El escritor también dijo que lo conmovió el caso de una joven asiática que al final de una presentación del libro se acercó a para decirle que entendía la temática de la migración porque sus papás fueron migrantes, pero que le dolía las redadas, arrestos y deportaciones que hace ICE de personas que no tienen antecedentes criminales.
“Antes de irse me preguntó si podía darme un abrazo, le dije que sí”, comentó. “Eso me estremeció mucho, pero cuando la vi retirarse con los ojos llorosos, fue algo inexplicable”.
Con los ojos pispiretos y llenos de emoción y sentimientos a flor de piel, Jiménez atinó a murmurar:
“Eso me ha marcado. Siento que el libro toca corazones”, expresó. “Pensaba que quizá yo podía hacer un favor a la comunidad con el libro, pero más bien, la comunidad me está enriqueciendo. Estoy muy agradecido”.
En 2025 Jiménez obtuvo la medalla de oro en los International Latino Book Awards.
A lo largo de su trayectoria profesional, el autor ha cubierto temas de migración internacional en Guatemala, El Salvador y Colombia. Reside en Los Ángeles desde 2005.

La entrevista
Kiosko News entrevistó al colega Jiménez en un lugar emblemático para los migrantes, el Mercado La Paloma, donde la mayoría de los propietarios de los negocios proviene de países latinoamericanos, o son hijos de migrantes.
Estábamos ambientados entre los olores y sabores oaxaqueños, yucatecos, del mar del Pacífico mexicano… Con música de fondo, el ruido de los creadores de los exquisitos platillos mexicanos y el choque de platos y vasos, pero sobre todo, de comensales que en su mayoría eran estadounidenses, algo usual en ese lugar.
El autor de “Ecos Migrantes” degustó la “Cochinita Pibil” y bebió agua de Horchata del restaurante Chichen Itza, reconocido como uno de los mejores restaurantes mexicanos del país por la revista GQ, Hispanic Magazine y Los Ángeles Times.
Como preámbulo, Jiménez habló de los problemas en general de la migración, y ya con el estómago satisfecho, pasamos a hablar del libro «Ecos Migrantes».
Orgulloso,, Jiménez no se empachó de compartir sus anécdotas, de hablar de su resiliencia y hasta recordó con humor sus primeros años de adaptación, lo que considera esencial para empatizar con los migrantes.
¿De qué trata “Ecos Migrantes”?
Es una colección de textos periodísticos que aborda desde diferentes ángulos la migración latinoamericana que está compuesta por 27 relatos, 15 semblanzas y 12 artículos sobre diferentes tópicos de la comunidad, de sus luchas y avances protagónicos de la mujer, lo que reflejo en un 80 por ciento en el libro.
También hay historias sobre comunidades sub representadas en nuestra sociedad, como las comunidades indígenas, hay temas sobre la comunidad oaxaqueña, maya y afro mexicana.
Las luchas sobre identidad de comunidades centroamericanas están aquí plasmadas en diferentes historias.
También mencionó los temas de la discriminación y el racismo, algo que se resalta en el libro desde diferentes ángulos.
“Al final yo digo que sirven para reflexionar como comunidad sobre los desafíos y prejuicios que tenemos como comunidad.
Nos hemos dado a la tarea de cuestionar, de criticar las políticas de La Casa Blanca, pero hay algo que debemos ver hacia adentro de nuestras comunidades porque hay aspectos de discriminación y el racismo que nosotros mismos tenemos que desmantelar de nuestras mentes de cada persona y familias porque nosotros reproducimos lo mismo que cuestionamos”.
“Entonces, yo digo que es una forma de autocrítica como comunidad”.

-¿Qué te motivó a realizar el libro?
El origen del libro es para preservar estas historias porque la publicación de LA Times en español tiene estos textos desde el 2019 solo en forma digital, entonces vi la oportunidad que estas historias quedaran documentadas y registradas en un libro que puedas consultar, que esté al alcance de nuestra comunidad, en una biblioteca, en un centro comunitario o en una universidad.
Lo vi de una forma de convertido, de lo digital a lo impreso.
Y también, de alguna manera hacer que trascendiera y que saliera de Los Ángeles.
El libro se publica en España donde lo puedes comprar en cualquier librería en ese país.
Está disponible en México en el portal Buscalibre, Sudamérica, en Centroamérica y en Estados Unidos en Amazon.
Al final se logra el objetivo de cruzar fronteras hacia países que puedan conocer esta realidad migrante.
-Hay muchos libros sobre migración, ¿Que tiene “Ecos Migrantes” de diferente?
Una diferencia en este libro es que cuando hablamos de migración siempre hablamos del cruce de personas por las fronteras, y del camino, de ese calvario, pero en este libro estamos hablando desde el lugar de destino.
Entonces, tiene que ver mucho con la lucha y choque cultural que vivimos al llegar a otro país.
De eso hablamos poco hacia afuera.
El relatar lo que ya vivimos en este país, lo entendemos quienes estamos en aquí, pero los que están afuera no entienden las luchas que tenemos en ese proceso de adaptación. Hay una variedad de situaciones que tenemos que atravesar para poder salir adelante en una nación desconocida para los inmigrantes.
-¿De qué fecha a que fechas escribiste las historias?
Del 2019 al 2024. Son historias de personas de “a pie”.
Hay 15 semblanzas, tres de ellas son como figuras de la comunidad, como el caso de una jovencita nacida en Santa Ana, en el Condado de Orange, CA. hija de padre salvadoreño y madre mexicana (Oaxaca), que fue aceptada en Harvard en el 2020 y se graduó en el verano del 2025 de biología en Harvard, y ella quiere ser oncóloga.
Es una historia fascinante porque habla de cómo ella utilizó la experiencia de la detención de su padre para involucrarse en el servicio en la comunidad y el trabajo migratorio a los 17 años.
Y ella utilizó este ejemplo en su ensayo para entrar a Harvard, y ahí cuenta lo que ella vivió con su familia para poder liberarlo bajo fianza.
Está el caso de Jesús Zelaya, un diseñador de personajes en Disney, salvadoreño.
El caso de Angelica Gutiérrez, hija de migrantes mexicanos, que es profesora de Administración de Empresas en la Universidad de Loyola que da conferencias en universidades, en corporaciones. La historia de ella es historia de luchas.
Estas tres personas son figuras que todos buscan y prestan atención porque están en lugares muy importantes.
Pero las otras 12 semblanzas, de las 15, son de personas aparentemente comunes y corrientes, pero para mí no porque yo las pongo a la par a todas.
Al ponerlas en el libro, las 15 tienen el mismo valor.

-¿Qué significa la portada del libro?
Es un caracol y hombres, mujeres y niños porque en la historia reciente de la migración es familiar.
Es una forma de dar igualdad. No importa el género, la gente migra por necesidad.
El caracol significa resiliencia. Todas las características que hay en un caracol es como si estuvieras hablando de una persona migrante porque tiene que ver con el desplazamiento, la protección, la paciencia (se mueve lentamente).
-Es para ti, ¿Es positivo o negativo que la publicación del libro coincida con la Administración de Trump, quien arremete contra la comunidad migrante?
De alguna forma eso aumentó el interés de la gente porque le dimos voz a la comunidad migrante.
Mostramos temas de la comunidad e historias de personas que han sobresalido.
Sirve para cambiar la narrativa.
Desde que Trump era candidato en su primera ocasión como aspirante a presidente de Estados Unidos comenzó a atacar a los migrantes mexicanos, pero se refería a la comunidad migrante en general, diciendo que eran violadores, criminales, delincuentes y más.
Quiere normalizar la narrativa de que todos somos malos, lo cual no es cierto. El migrante es parte del cambio, del desarrollo, del crecimiento de este país.
El migrante está presente en todas las esferas del país, en la política, activismo, economía, arte, académica, empresas, tecnologías, etcétera. Mejor dicho, ¿Dónde no están los migrantes?
El migrante es parte de esta nación que ha sido fundada por migrantes, entonces, son los migrantes quienes mueven la economía.
No hay ninguna ciudad de Estados Unidos donde no hayan migrantes.
Así que, el libro sirve para cambiar esa narrativa y hablar del aporte, las contribuciones que tiene esta comunidad, que a pesar de las adversidades, sale adelante.
-¿Para qué fecha planeas lanzarlo en inglés?
Hasta que terminemos de promover este libro en español este año.
Quizá el año que viene empezaré a trabajar en la edición en inglés.
Pero es un hecho de que lo vamos hacer porque es necesario que llegue a otras comunidades.
-¿Cuál es tu siguiente plan como escritor de libros?
Ahorita estoy terminando otro libro, pero va a ser infantil.
Estoy contando también la historia de los migrantes que es como un cuento.
Estamos en la etapa de la ilustración que va relacionado a este actual, pero va para una audiencia infantil.
Va dirigido a un público de entre quinto y sexto grado escolar.
También en español.
-En tu juventud ¿Soñaste con escribir un libro?
La primera vez que pensé en escribir un libro fue cuando recién llegué a Los Ángeles en 2005 a los 28 años. En El Salvador ejercía el periodismo, pero aquí vine a trabajar en el Consulado de El Salvador, donde hacía muchas cosas, menos cuestiones periodísticas.
En ese momento se me ocurrió, para regresar a la carrera.
Y me puse a pensar en mi libro de semblanza de historias de migrantes, pero al mismo tiempo me respondí que tenía la barrera de que nadie me conocía.
No estaba ligado al medio, por lo que era muy difícil buscar una entrevista sin representar un medio de comunicación. No tenía credenciales ni conexiones.
Me quedé con la idea.
Y retomé la idea 20 años después ya que trabajaba en el LA Times en español. Ya tenía el camino y las historias, lo que necesitábamos era el permiso del periódico para usarlas. Originalmente eran 40 textos.
Cuando la última historia que pensé que entraría en el libro salió publicada en el periódico, pedí el permiso a la empresa, y me la aprobaron. Después comencé el trabajo de edición.
-¿Cómo fue para ti la experiencia como migrante?
Mi historia es diferente porque llegué a Los Ángeles con un empleo en el Consulado de El Salvador. Llegué en avión y llegué un domingo para empezar a trabajar el próximo martes.
Pero mi experiencia fue parecida a la del resto de los migrantes en cuestiones de adaptación.
Aquí, la adaptación la pasamos todos por igual, a menos de que vengas de una familia acomodada del país de origen.
Pero si no es así, todos tenemos que adaptarnos por igual.
Y en esos primeros dos años, creo que todos vivimos sabores agridulces al experimentar la nostalgia de vivir lejos de la familia
Opino que los que venimos de Latinoamérica a Los Ángeles extrañamos a la familia y hay que adaptarse a un nuevo sistema de vida.
Quizá, en nuestros países, por más humilde que fueras, teníamos una vivienda, y aquí tenemos que irnos a vivir a un departamento, a un single o compartir una sala con otras personas. A veces vivimos hacinados para estirar nuestros ingresos.
Quizá en nuestro país ya teníamos vehículo y al llegar aquí tenemos que movernos en el transporte público. También está el cambio de clima, el cambio de leyes.
A veces tenemos que tener dos empleos.
Pero si no superamos ese proceso de adaptación en esos dos años, la gente se regresa.
Pero el sufrir desde el principio nos ayuda a sobresalir.
-¿Fue muy difícil adaptarte?
Recuerdo que cuando trabajaba en el Consulado de El Salvador, el salario no me alcanzaba y tuve que buscar la forma de poder generar otros ingresos. En mi caso, busqué otro empleo, escribí artículos para una revista.
En esos tiempos también batallas hasta para comer porque el salario no te da para comer bien en un restaurante normal.
Recuerdo que iba a comer a restaurantes de comida rápida. Iba a un McDonald’s a comprar McChicken de «a dólar».
Con eso me identifico con la mayoría de los migrantes.
También viví en single pequeño. Creo que es la parte más difícil. Viví por la 11 y la Vermont, cerca del corredor de El Salvador. Era un single, un cuarto sin divisiones, excepto por el baño.
Yo andaba con mi sofá-cama y dos maletas. Ahí viví casi un año pagando 250 dólares, pero aún así, se me hacía mucho dinero.
Luego, me moví con un amigo a un lugar más al sur de la Pico Union por 400 dólares, 50 dólares menos, pero era un lugar más chiquito, era como una cajita de fósforos donde cabían las dos colchonetas. Al despertar teníamos que doblarlas para poder caminar.
Eso lo viví en carne propia, no me lo contó nadie.
Me identifico con eso con la mayoría de los migrantes.
-¿Cuántas veces a la semana comías McChicken?
A la semana intercambiaba las McChicken con las hamburguesas más chicas de Carl’s Junior, pero era lo mismo. Comía eso hasta tres veces a la semana, y el resto de los días comía de los camiones de comida al alrededor del Consulado.
También comía pupusas de 1.50 dólares.
Recuerdo que costaba comer.
-¿Llegaste a desanimarte de venir a Los Ángeles?
En ese entonces me preguntaba: «¿Qué estoy haciendo aquí? si en El Salvador era el asistente del director de Comunicaciones de la Oficina de la Primera Dama.
Trabajé en eso por cinco años en esa oficina donde tenía un buen salario.
Hubo un momento que quise regresar y se lo dije a una amiga que vive en El Salvador.
Recuerdo que me dijo: “Los que estamos aquí queremos ir para allá, y ¿Cómo tú, estando allá, quieres regresar?”.
Me dijo: “Aprovecha la oportunidad, a lo mejor después ya no vas a pensar igual”.
Haberla escuchado me hizo caer en cuenta que muchas veces, lo que uno tiene, otro lo desea.
Con el tiempo me tocó superar las adversidades, en lo que cabe porque hay personas en nuestras comunidades que han sufrido y luchado más.
Lo mío no lo puedo comparar en el sentido del sacrificio que han tenido que atravesar otras personas que han tenido que atravesar desiertos o ríos.
Yo no viví todo ese peligro, y esas personas siguen luchando.
En este país nos encontramos con personas que en nuestros países eran profesionales, pero aquí a todos nos toca vivir las mismas condiciones difíciles por igual.
Pero al final, esas experiencias me sirven para entender a la gente cuando hablo y los entrevisto porque me trato de poner en sus zapatos, trato de ser sensible a esa realidad sin verlos menos, sino, al contrario, los veo con el respeto y admiración que se merecen porque al final, una persona migrante que aún no logra sus sueños, es libre de admirar y necesitamos darles el mérito que se merecen porque no es fácil, ellos no vienen por una aventura, vienen por necesidad.
-¿Por qué decidiste venir a Los Ángeles?
Porque yo tenía un sueño de vivir en el extranjero. No sabía en que país, pero lo que estoy seguro es que Estados Unidos no era mi opción. Incluso, cuando sometí mi solicitud para trabajar en el servicio exterior de El Salvador dije que me interesaba ir a Italia, México o Guatemala, en ese orden de prioridad, lo que quería era salir de El Salvador.
Yo no dije Estados Unidos, inclusive me preguntaron y por qué no Estados Unidos, respondí que no me llamaba la atención.
Cuando me llamaron al principio del 2005 para comentarme de la oportunidad en Los Ángeles, acepté. Fue en enero del 2005 y el 20 de febrero del 2005 ya estaba aquí.
Al final de la presentacion que Jiménez hace en su libro «Ecos Migrantes» reflexiona:
«Estoy aquí para encontrarme con quienes, al igual que yo, se establecieron en suelo estadounidense con la esperanza de salir adelante y mejorar las condiciones de vida para ellos y los suyos. Y sigo aquí porque es donde continúan llegando sus historias, esas que deben ser contadas».

