Las prohibiciones del uso de celular en las escuelas ¿Ayudan o perjudican?

Por: Nora Estrada

Los Ángeles.- Mientras 33 estados han promulgado leyes que exigen a los distritos escolares implementar prohibiciones del uso de teléfonos celulares en las aulas de educación básica y secundaria (K-12), el estudiantado defiende su uso argumentando que es una herramienta esencial para sus estudios​ y porque  ​brinda ​b​ienestar y seguridad.

La mayoría de estas ​m​edidas ​implementadas en los planteles prohíben el uso de teléfonos celulares durante toda la jornada escolar.

La semana pasada, un tribunal dictaminó que los gigantes de las redes sociales, Meta y YouTube, son cómplices en la generación de adicción a las redes sociales entre los jóvenes. Los niños y adultos jóvenes pasan un promedio de 5,5 horas al día en sus teléfonos, un tiempo impulsado en gran medida por las redes sociales.

Para conocer lo que opinan las dos partes del problema, America Community Media convocó a investigadores a exponer los méritos de las prohibiciones de teléfonos celulares frente al potencial de las redes sociales para fomentar la conexión social, la autoexpresión creativa y el acceso a comunidades de apoyo.

Por su parte, dos estudiantes defendieron el uso del celular en las escuelas.

Prohibición mejora rendimiento

El doctor Timothy Pressley, profesor asociado de Psicología en la Universidad Christopher Newport, dijo que las investigaciones indican que la prohibición de teléfonos móviles mejora el rendimiento académico, especialmente entre los estudiantes con menor desempeño y aquellos en situación de desventaja.

Agregó que entre los diferentes tipos de restricciones que existen, el más común es el que se aplica entre el inicio y el final de la clase de timbre a timbre).

“La cual suele ser la más eficaz para reducir las distracciones en la escuela”, comentó. 

Pressley ​a​gregó que también hay otros tipos de restricciones en las escuelas, como las que prohíben los teléfonos celulares solo durante las clases, pero permiten su uso durante el almuerzo o en el pasillo entre clases, o restricciones específicas, similares a las restricciones educativas, que prohíben los teléfonos celulares en ciertos contextos, como el recreo de exámenes o clases específicas.

Dijo que también han observado a varios estados implementar modelos flexibles que permiten a las escuelas y distritos escolares locales seleccionar el plan de implementación más adecuado para sus centros. 

“En cuanto al impacto general, analizamos tres áreas: rendimiento académico, salud mental y comportamiento y participación en el aula”, manifestó.

El académico añadió que en lo que respecta a los resultados académicos, la investigación generalmente sugiere que las restricciones en el uso de teléfonos móviles pueden mejorar el rendimiento académico.

“Esta es la evidencia más sólida que se ha observado en los estudiantes con bajo rendimiento y en situación de desventaja tras la implementación de la prohibición de teléfonos móviles”, subrayó.

Dijo que no todos los estudios encontraron una mejora académica en el primer año. 

“Un estudio en Florida no observó ninguna mejora durante el primer año, pero sí un aumento en el rendimiento académico de sus estudiantes durante el segundo año de implementación”, señaló. 

En cuanto a la salud mental, Pressley dijo que la evidencia es mucho más variada porque mientras un estudio en Australia encontró una disminución del acoso escolar sin encontrar diferencias en la ansiedad ni la depresión, en el Reino Unido, Suecia y España tampoco han encontrado ninguna diferencia en cuanto a la depresión.

“Por lo tanto, es muy difícil sacar conclusiones sobre los beneficios para la salud mental, y una de las razones podría ser la diferencia en la implementación”, expresó. “No vemos que las escuelas la implementen de la misma manera, y los estudiantes siguen usando teléfonos celulares fuera de la escuela, por lo que su salud mental sigue viéndose afectada fuera del ámbito escolar, a través de sus teléfonos”.

Dijo que otro hallazgo positivo se relaciona con el comportamiento y la participación de los estudiantes. 

Las escuelas y los docentes observaron con frecuencia menos interrupciones en las aulas y una mayor concentración y participación de los estudiantes”, comentó. “También encontramos estudios que muestran una mejor interacción entre los estudiantes”. 

Dijo que un estudio realizado en la ciudad de Nueva York reveló un aumento de aproximadamente un porcentaje en las actividades extraescolares y eventos deportivos, donde los estudiantes mostraron un mayor interés en participar y apoyar a sus compañeros. 

“Ahora interactúan con ellos con mucha más frecuencia”, resaltó.

Añadió queuna de las principales preocupaciones que han expresado los padres es su capacidad para comunicarse con sus hijos, especialmente durante situaciones de emergencia, ya sea el cierre de la escuela o un desastre natural. 

“Les preocupa no poder contactar a sus hijos en esas crisis. También les preocupa la comunicación sobre asuntos cotidianos, como: «¿Cómo están?», «¿Cómo van a volver a casa?», «Transporte» o «Este padre necesita que el hijo mayor recoja a su hermano menor”, comentó​. 

En cuanto a las preocupaciones de los estudiantes, dijo que un estudio reveló que la salud mental empeoró debido a la ansiedad por separación de sus teléfonos. 

“Esto nos lleva a la necesidad de restringir el acceso a los teléfonos móviles, ya que los estudiantes dependen tanto de ellos que sintieron un aumento en su ansiedad cuando se les quitó el teléfono.

“Los estudiantes también tienen inquietudes sobre la equidad y la coherencia de la implementación de las normas en todas las clases, y sienten que a veces los castigos por incumplirlas no son justos o no se aplican correctamente”, agregó.

Pressley dijo que desde la perspectiva docente, la única preocupación que detectaron es que algunos profesores desean o necesitan usar teléfonos celulares para ciertas actividades académicas.

El profesor dijo que en un informe de la universidad que representa proporcionan algunas​ recomendaciones para los responsables políticos y los líderes escolares locales. 

“Sugerimos que estas recomendaciones deben implementarse antes de la puesta en marcha e incluso del desarrollo de las bandas escolares, incluyendo a miembros de la comunidad: estudiantes, padres, profesores y personal administrativo, acerca de cuál sería la mejor política para ellos, ya que serán quienes se vean más afectados”, dijo.

Añadió que los responsables de la formulación de políticas también deben establecer y exponer una justificación clara para la prohibición.

“Ya sea que el objetivo sea el enfoque académico, el comportamiento, la interacción social o la salud mental», agregó. ​»Una vez tomada esta decisión, los líderes escolares deben asegurarse de brindar apoyo a los docentes”. 

Dijo que las escuelas deben comprometerse a garantizar una aplicación coherente de la política en todas las aulas y en el conjunto del centro educativo. 

“Para lograrlo, será indispensable contar con la adhesión y el compromiso de todos los docentes a fin de aplicar la normativa de manera equitativa en todos los entornos”, expresó Pressley. 

Docentes respaldan prohibición

El doctor David Marshall, profesor asociado de Investigación Educativa en el Departamento de Fundamentos, Liderazgo y Tecnología Educativa de la Universidad de Auburn, subrayó que de acuerdo a una encuesta reveló que el 84 por ciento de los docentes respalda la prohibición de aparatos móviles.

Agregó que de ese porcentaje, el 76 por ciento los maestros consideraron que los teléfonos constituían una distracción grave. 

Marshall explicó que el estudio se realizó en un distrito escolar de Virginia, donde se implementó una prohibición del uso de teléfonos celulares durante todo el horario escolar a partir del 1 de enero de 2025. 

“Lo que buscábamos era, en cierto modo, hacer un seguimiento y ver cómo estaban viviendo los docentes esta situación tres meses después de su implementación”, dijo. “Y lo que descubrimos es que los docentes informaron de que había menos distracciones”.

Dijo que afortunadamente se encontraron ante una situación en la que todoslosdocentesestaban en la misma sintonía, reconociendo que se trataba, efectivamente, de un problema que requería algún tipo de solución.

“Todos parecían coincidir en apoyar el rumbo que el distrito escolar había decidido tomar”, expresó. 

La conclusión del estudio no fue que se les hubiera retirado ninguna tarea concreta de sus responsabilidades, dijo Ptressley, sino que dedicaban menos tiempo a lidiar con las distracciones en el aula.

“Los profesores también señalaron haber observado una mayor interacción entre los alumnos, y que los comedores escolares se habían vuelto más ruidosos. Dijeron que había más conversaciones, incluso en los pasillos y después del horario escolar”, expresó.”Por tanto, parecía haberse producido cierto crecimiento y desarrollo social en este contexto”. 

‘Necesitamos el celular’

Nicholas Torres, recién graduado de preparatoria, Houston, Texas, opinó que las prohibiciones del uso de celulares en la escuela resultan contraproducentes porque los estudiantes dependen de sus teléfonos para las tareas en línea, las emergencias y los recursos en el aula.

“Estoy totalmente en contra de la prohibición de los teléfonos porque siento que nosotros, como estudiantes, necesitamos nuestros teléfonos en la escuela por muchas razones; y porque, durante el horario de clases, los usamos como herramientas para ayudarnos con cosas como las lecciones”, comentó.

Incluso, agregó, que los profesores les recomiendan acudir a ciertos sitios web o aplicaciones para buscar información y reforzar sus tareas.

“Por lo general, todas las tareas son en línea, rara vez son en papel. Apenas usamos el lápiz”, expresó. “Además, otra razón por la que estoy en contra ​de la prohibición es porque prefiero tener mi teléfono conmigo a que me lo quiten, ya que, en caso de emergencias, lo usamos para comunicarnos”. 

Torres reconoció que los chicos usan sus celulares más para jugar videojuegos que para las redes sociales, y que hacen amigos mientras juegan, incluso, en clase.

Yo era uno de esos chicos que se pasaba con el teléfono durante la clase, al final de tareas escolares, o simplemente tenía ganas de ser un poco rebelde, me ponía con el teléfono a jugar. 

“Y lo hacía solo o con mis amigos. Y, sinceramente, siento que nosotros, los chicos, los varones en la escuela no tenemos tantas interacciones sociales en persona o, ya sabes, a través de las aplicaciones de redes sociales, así que simplemente nos limitamos a jugar videojuegos​», señaló Torres.

Se auto declara adicta al celular

Kai Bwor, estudiante de último año en la Granada Hills Charter School, reconoció que es adicta al teléfono celular.

“Soy tan adicta a mi teléfono, quiero decir, me despierto y reviso esa pequeña pantalla porque pienso que, en cierto modo, recompensa a mi cerebro y, por así decirlo, me inunda con una sensación de dopamina (es un neurotransmisor y hormona esencial que transmite señales entre neuronas con la función de gestionar el sistema de recompensa del cerebro motivando comportamientos placenteros y reforzando el aprendizaje, la memoria, la atención y el control moto).

“Provengo de un hogar donde mis padres son un poco estrictos. Así que, dado que las tasas de delincuencia han aumentado en los últimos años, 

muchos chicos como yo pueden sentirse identificados con esa situación. Y nuestros teléfonos constituyen nuestra única vía de conexión social”, enfatizó.

Bwor opino que es preferible permitir el uso de los celulares en las escuelas con ciertos límites claros.

“De hecho”, añadió, “conozco a muchos de mis profesores con los que mantengo una relación más cercana a nivel personal que nos permiten tener el teléfono a la vista para escuchar música”. 

​B​wor aseguró que los profesores les explican las consecuencias de sus actos, pero al mismo tiempo les otorgan cierta libertad para que aprendan a autorregular su conducta y a tomar decisiones más responsables por su cuenta.

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