¿Votamos por un partido o por la vida que queremos?

Por: Especial

Por: Daniela Sichel

Terapeuta matrimonial y familiar licenciada y fundadora de Opción Yo, plataforma de bienestar emocional en español

Este 3 de noviembre las urnas vuelven a abrirse y millones de hispanos irán a votar en Estados Unidos. Solo en 2024, más de 36 millones de latinos estaban habilitados para hacerlo, según el Pew Research Center.

Muchos llegamos a este país con una maleta cargada de deseos y esperanza, en busca de estabilidad económica y un futuro mejor para nuestros hijos. Ese anhelo se traducía en cosas muy concretas: una buena escuela, acceso a la salud y la tranquilidad de saber que la ecuación funcionaría y que el esfuerzo de hoy se traduciría en el bienestar de mañana.

Esa esperanza compartida tiene nombre: el sueño americano. Puedo narrarlo en primera persona ya que soy venezolana y sé lo que pesa dejar tu país atrás, reconstruir la vida y empezar de nuevo. Como terapeuta de familia, además, escucho cada semana distintas versiones de esa misma historia.

«La esperanza, la maleta más importante con la que vinimos«

Daniela Sichel

Sin embargo, para muchas familias, ese horizonte hoy parece cada vez más lejano. En consulta se repiten dos emociones: la incertidumbre y la desesperanza. El salario ya no alcanza en proporción al costo de vida, ir al supermercado exige hacer cuentas minuciosamente para no excederse y cada gasto se convierte en una decisión que genera preocupación. Crecer económicamente, algo que alguna vez pareció una meta posible, se aleja mes a mes.

Entonces aparecen las dudas y una pregunta que muchos padres se hacen en silencio: “¿Podré darles a mis hijos la educación y las oportunidades que soñé para ellos?”. Lo que antes era un proyecto de vida hoy empieza a sentirse como una promesa difícil de cumplir. Lo mismo ocurre con el acceso a la salud, la posibilidad de tener una vivienda propia y la tranquilidad de ahorrar para la vejez.

A esta presión se suma, para muchas familias, el miedo permanente relacionado con su estatus migratorio. Hay quienes dudan incluso antes de compartir su número de teléfono con otro padre de la escuela. Vivir en alerta constante enferma y desgasta, por eso este voto pesa distinto. El hispano lleva a las urnas la vida que vino a construir, vota por la estabilidad económica, por una consulta médica que pueda pagar, por la escuela de sus hijos y por la posibilidad de volver a hacer planes sin que el miedo o la incertidumbre los condicionen.

Votar también es un acto comprometido de esperanza, quien lo hace todavía cree que algo puede cambiar. Es una manera concreta de expresar que ese futuro sigue siendo posible y que no estamos dispuestos a renunciar a él.

Como contracara de este escenario están las familias que hoy se plantean si todavía vale la pena quedarse. En ambos casos, las emociones están íntimamente involucradas.

Desde la psicología sabemos que la incertidumbre sostenida no se queda únicamente en nuestros pensamientos: también se instala en el cuerpo. El descanso pierde calidad, cuesta dormir, aparece la irritabilidad y el cansancio se vuelve habitual. A menudo se suma la culpa: por no poder ofrecerles a los hijos lo que habíamos imaginado, por pensar en regresar o por sentir que el esfuerzo realizado todavía no dio sus frutos.

Cuidarnos en este contexto no es un lujo, sino una necesidad. Estas son algunas recomendaciones que comparto con mis pacientes y que también pueden ayudarte:

• Distingue lo que puedes controlar de lo que no. Tu voto, tus rutinas y tus vínculos dependen de ti. El resultado de una elección, en cambio, responde a múltiples factores que están fuera de tu alcance.

• Dosifica las noticias. Infórmate en horarios determinados y date permiso para desconectarte el resto del día. Estar permanentemente pendiente de lo que sucede no significa estar mejor preparado.

• Habla con tus hijos según su edad. Necesitan saber que hay adultos que los cuidan y los protegen, incluso cuando haya cosas que todavía no tengan respuesta.

• Refúgiate en tu comunidad. El aislamiento puede agrandar los temores mientras que compartir lo que sentimos y apoyarnos en otros ayuda a atravesarlos.

• Pide ayuda. Hablar con un profesional no tiene por qué ser el último recurso. Cuidar la salud emocional también significa reconocer cuándo necesitamos acompañamiento.

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