Practican rituales de ‘apapachar’ árboles en el Lincoln Park para recargarse de energía

Por: Nora Estrada

Los visitantes de todas las edades también se ejercitan, relajan, pescan, juegan, pasean sus niños y perros, celebran cumpleaños, hacen amistades y se acercan al arte y la cultura en las instalaciones del lugar

Roberto Fuentes tiene el ritual de abrazar y agradecer a los árboles por los beneficios que brindan a la humanidad. Fotos: Kiosko News

Por: Nora Estrada

Los Ángeles.- Roberto Fuentes abraza, acaricia y da palmaditas suaves a un enorme árbol. Luego eleva su cabeza a las ramas para hablarles suavemente. Tras unos dos minutos vuelve a abrazar al tronco.

La escena es genuina y de corazón, asegura Fuentes, quien visita por lo menos cinco días a la semana el Lincoln Park, ubicado en Lincoln Heights, a unos 10 minutos del centro de Los Ángeles en carro y a unos 25 minutos en transporte público. 

“Todos los días vengo a agradecer a los árboles por su existencia y por lo beneficioso que son para los seres humanos. Nos dan sombra y oxigeno”, expresó. “No soy el único que practica este ritual aquí porque he visto a otras personas de mi generación o más grandes que hacen lo mismo”.

El hombre originario de Puebla, México, contó que su abuelo le enseñó a conectar con los árboles en su pueblo natal.

“Allá estábamos muy conectados con la naturaleza, con lo que la tierra nos brinda. Yo era muy niño cuando aprendí a querer, acariciar y agradecer a los árboles. Es una práctica que poco a poco se ha ido perdiendo porque, hasta donde sé, nadie transmite ese mensaje a las nuevas generaciones. 

“Accedo a platicar con usted porque me gustaría que le cuente a todos la importancia de adoptar, querer, acariciar y agradecer a un árbol, a todos los árboles que puedan”, pidió. “Esto, para mí es sabiduría, no es algo nuevo, viene de nuestros antepasados”.

El Lincoln Park alberga árboles frondosos y coloridos.

Fuentes aseguró que no se trata de una locura, sino de aprovechar la energía que los árboles brindan.

“Usted observó calladita lo que yo estaba haciendo, se lo agradezco porque mientras abrazo al árbol estoy sintiendo su energía. Y sí, los árboles nos llenan de energía para continuar con nuestras cosas cotidianas. Un árbol es como la mascota para un ser humano”, expresó.

El vecino de City Terrace comentó que aunque el parque no le queda cerca para ir caminando, hace hasta lo imposible para visitarlo.

“Venir a estar en contacto con los árboles también me da paz mental y me recuerda lo que viví de niño con mis abuelos y padres. En fin, visitar el parque es una de mis actividades favoritas y para tener este tipo de experiencias no me importa venir en el autobús”, expresó.

Agregó que entre más fe y esperanza tengan las personas que adopten un árbol, más será la energía que reciban.

“Uno nunca sabe cuánto tiempo nos van a durar los árboles porque casi no los cuidamos, los pocos que vemos en la ciudad los vemos a diario y pensamos siempre van a estar ahí, y no es así. Reflexionen en los miles de árboles que perdimos en los incendios forestales (Palisades y Eaton). Es devastador”, dijo Fuentes.

El Parque Lincoln fue creado por la Ciudad de Los Ángeles en 1881 con terrenos donados por John Strother Griffin. Originalmente se llamó East Los Angeles Park, pero en 1901 su nombre cambió a Eastlake Park, hasta que en 1917 se acordó llamarlo Parque Lincoln.

El parque cuenta con un gran lago (Lincoln Park Lake, originalmente East Lake), un centro recreativo, un centro para personas mayores, un área de juegos infantiles, mesas de picnic, una pista de patinaje y un  Dodgers Dreamfield.

Un busto de Abraham Lincoln da la bienvenida al parque que se encuentra en la intersección de Valley Boulevard y Mission Road y cuenta con el servicio de las líneas 76, 78, 79 y 378 de Metro.

Durante un recorrido por el lugar se observó todo tipo de árboles como Pinos, Palmas, Encinos, Ficus, Cerezo japonés, Magnolias, Bugambilia, entre otros.

De vez en cuando algunos animales interrumpen el paso, como los patos, gansos y ardillas que pasean por el parque ya acostumbrados a los seres humanos y perros visitantes.

Entre los visitantes del parque se pudo apreciar a personas dibujando, coloreando, paseando perros, corriendo, caminando, practicando la pesca, reflexionando, comiendo y hasta llorando.

“Estoy pasando por un mal momento y no pude contener las lágrimas”, confesó una mujer de mediana edad que no quiso identificarse. “En unos minutos estaré en condiciones de enfrentarme al mundo porque uno no tiene el lujo de achicoplarse. Pero sí, este lugar te da confianza hasta para venir a chillar”.

Corazón de la comunidad

Algunos visitantes coincidieron en señalar que Lincoln Park es esencial para construir una comunidad de la región más saludable, feliz y conectada.

“Verdaderamente es el corazón de este vecindario”, Verónica Hernández.

La vecina dijo que recurre al parque diariamente para realizar caminatas.

“Tenemos la bendición de que este parque nos brinda senderos en buen estado para caminar”, comentó la vacina de Lincoln Heigths. “Y mientras me ejercito, admiro la vegetación, los animalitos, el lago y a otras personas agradables paseando perros, corriendo o simplemente caminando como yo”.

Gloria Linares, otra entusiasta asidua al parque, dijo que prefiere viajar media hora al Lincoln Park desde el centro de Los Ángeles.

“Vivo más cerca al MacArthur Park, pero eso parece más un vertedero de drogadictos, hay mucha inseguridad y circula la droga. Ahí no se puede hacer ejercicio. Este parque ofrece todo lo contrario. Hay seguridad, limpieza, muchos y frondosos árboles, pero sobre todo, encontramos buena vibra”, expresó.

La originaria de El Salvador contó que se ejercita cuatro veces a la semana, pero regresa al parque los fines de semana con sus hijos para que se conecten con la naturaleza.

“Cuando ellos regresan a su escuela al lunes siguiente, le cuentan emocionados a sus amiguitos lo que experimentan en el parque, me cuentan sus maestras”, dijo. “Y yo veo que estar en contacto con la naturaleza les hace mucho bien”.

Para Oscar Laguna y sus hijos, el Lincoln Park resulta ser un sitio agradable divertido donde pueden esperar a su esposa y madre que con regularidad debe presentarse en LA General Medical Center a practicarse estudios.

“Estamos esperando a mi esposa que está en el hospital. Ella padece del corazón y le están practicando otros estudios, y para eso se tardan entre tres y cuatro horas, entonces descubrimos este parque hace tiempo que empezamos a venir”, dijo.

Los hijos de Laguna, Oscar y Ryle, se divierten en el centro de juegos infantiles, suben y bajan el resbaladero, se montan a los elefantes y caballitos, se columpian, dan vueltas en el espiral y corren de un lado a otro.

“Estoy muy contento por encontrar este parque porque es muy hermoso, tranquilo y tiene buenos sanitarios. Lo que más me gusta, es que los niños se divierten mucho en los juegos y epescando en el lago”, dijo.

Laguna añadió que lo que llama mucho la atención de sus hijos son los troncos y raíces de los árboles que brotan sobre la tierra.

“Hay días que exploramos el parque, y a los niños les motiva saber un poco más de los árboles. Me salieron muy preguntones, pero no los puedo ayudar mucho porque desconozco de tipos de árboles. Espero que algún día le pongan nombre a los árboles, aunque sea a los más enormes”, comentó.

Roberto Rosas se divierte pescando en el lago de Lincoln Park desde hace 30 años.

Roberto Rosas, de 74 años y vecino de Highland Park, compartió que practica la pesca en el lago desde hace 30 años.

“Es una actividad que me gusta, me relaja y me da mucha motivación. Vengo a pescar, algunas veces agarro temporadas de venir todos los días, y otras veces vengo unos tres o cuatro días a la semana porque me salen otras vueltas.

“Me gusta la pesca desde que tengo razón, pero a este parque vengo a pescar desde hace 30 años”, expresó el originario de México.

Rosas asegura que no se come las truchas que pesca porque lo que más le divierte es estar a la expectativa de que un pez muerda el anzuelo.

“Ahhh… pero cada vez que pesco una trucha, lo regreso al agua”, agregó. “No me los como”.

Dijo que también le interesa convivir con personas que tienen la misma pasión.

“Aquí también pescamos amistades. Es lo bonito de esto. Nos ponemos a platicar de nuestras vivencias y familias. Yo vengo a divertirme. Antes tenía muchos amigos, pero la vida cambia para y muchos han dejado de venir, ya sea por trabajo, enfermedad o sabrá Dios por qué, pero siempre hay oportunidad de hacer nuevos amigos”, dijo.

Rosas comentó que entre otras experiencias agradables que ha disfrutado en el parque, son las invitaciones a unirse a familias que llegan a celebrar cumpleaños y lo invitan aunque no lo conozcan.

“Cuando las personas me ven, me invitan a sus fiestas, y yo pues me uno y disfruto hasta de pastel. He encontrado personas muy amigables y de buen corazón. Eso es muy bonito”, comentó.

El pulmón verde de Lincoln Heigths, a unos 10 minutos del centro de Los Ángeles.

Joseph Becker, quien vive en el centro de Los Ángeles, es otro asiduo visitante del Lincoln Park porque le parece el mejor lugar para ejercitar y educar a su perro Chopper, un Cocker Spaniel de un año de edad.

“Vengo casi todos los días con el perro desde hace un año, desde que Chopper nació”, comentó. “El parque tiene espacios muy amplios donde mi perro puede correr de un lado a otro sin correa cuando no hay mucha gente, pero siempre tenemos cuidado aunque es un perro muy amigable, no ataca nadie, ni a los patos”.

Cultura y Arte

Dentro del Lincoln Park se encuentra Plaza de la Raza, el centro de arte cultural latino multidisciplinario de mayor trayectoria en Estados Unidos.

Fundado en 1970 por destacados líderes laborales, empresariales y cívicos, Plaza de la Raza ofrece programas asequibles de educación artística intergeneracional después de la escuela a miles de niños, adolescentes y adultos.

“Nuestra misión es fomentar el enriquecimiento de todas las culturas”, dijo Carisma García, quien trabaja en la oficina del lugar. “La idea es unir fronteras geográficas, sociales, artísticas y culturales de Los Ángeles y más allá”.

Agregó que dan clases de música, arte, danza y teatro a niños y adultos de la comunidad.

“Pero también tenemos alumnos de Pomona y otros lugares lejanos, recibimos a todos”, comentó. “La mayoría de las personas son latinas, pero también tenemos blancos y asiáticos”.

Dijo que las clases más populares son de baile.

“A los niños les gusta más el folclórico y el ballet, pero en general, todas las clases son solicitadas”.

Plaza de la Raza aglutina teatro al aire libre, teatro en interiores para 250 personas, salón de música, salón de baile, galería para exhibiciones y salones para talleres.

“Las clases brindan la oportunidad a los niños a descubrir sus talentos artísticos y a desarrollar sus personalidades. Vemos niños que cuando llegan por primera vez son muy reservados, pero con el paso del tiempo desarrollan seguridad, y eso los ayuda en la vida”, expresó García.

“A mí me gusta este lugar. Estoy aprendiendo más de la cultura latina”, comentó Ali Abdelsattan Perez, de 15 años, quien con un grupo de alumnos de la Marshall de Pasadena, visitaron el lugar para disfrutar de la presentación de Adobe Punk.

“Ademas, me gustó mucho el parque. Es muy grande e invita a recorrerlo, pero ahora vamos a ver el show”, agregó el estudiante hijo de padre egipcio y madre mexicana.

Vista de La Plaza de la Raza, centro de arte y cultura en el corazón del Lincoln Park.

Desde su fundación, Plaza de La Raza ha sido un oasis cultural para los vecinos del Este de Los Ángeles.

Cada año, brindan educación artística a casi cinco mil 100 niños, adolescentes y adultos en más de 450 clases (desde principiantes hasta avanzados) que imparten trimestralmente artistas locales y actores de teatro, danza, música y artes visuales. 

Además, el centro atrae a más de 25 mil visitantes cada año con sus programas culturales gratuitos y gestiona a casi 300 voluntarios de la comunidad. 

En sus más de 50 años de historia, Plaza de la Raza ha alcanzado varios hitos importantes en la construcción de la comunidad, la educación artística y las exposiciones artísticas. Aquí algunos de ellos.

1870: la ciudad de Los Ángeles dona el terreno en el que ahora se encuentra Lincoln Park a la Southern Pacific Railroad para construir tiendas. La compañía ferroviaria finalmente devuelve el terreno.

1917: Eastlake Park cambia su nombre a Lincoln Park.

1969 – Debido a años de abandono y abuso, la ciudad ordena el cierre de Lincoln Park y programa la demolición del cobertizo para botes.

1970 – La Plaza de la Raza se incorpora como una organización sin fines de lucro por una tarifa de 36 dólares La tarifa es recaudada por Ann López, esposa del activista sindical Frank López. Ann recaudó los fondos tejiendo un poncho y vendiéndolo por 36 dólares.

1970 – La ciudad de Los Ángeles otorga a la Plaza de la Raza un contrato de arrendamiento de terreno por 25 años.

1971 – David Alfaro Siqueiros hace un boceto de Rubén Salazar en una pieza titulada “Voz heroica” y la dona a la Plaza de la Raza.

1971 – Aún sin edificios, las clases en la Plaza comienzan bajo los árboles del parque Lincoln. Los niños aprenden canciones populares, bailes y arte.

1974: Plaza de la Raza organiza “Xochimilco en Lincoln Park”, en el que se decoraron botes de pasajeros “Chalupa” y navegaron en el lago de Lincoln Park para asemejar la experiencia y el aspecto de Xochimilco en México.

Ali Abdelsattar-Perez, estudiante de Marshall de Pasadena, visitó La Plaza de la Raza.

1984 – El príncipe Andrés de Inglaterra come tortillas hechas a mano durante un recorrido por la Plaza de la Raza.

Julio de 1984 – La Plaza de la Raza acoge un “Festival de la vida folclórica” que celebra y destaca diferentes tipos de artistas folclóricos locales, desde herbolarios hasta bailarines, fabricantes de juguetes, talladores de madera, fabricantes de máscaras, fabricantes de guitarras y fabricantes de altares.

1985 – Se inaugura la exposición de David Alfaros Siqueiros en la Plaza de la Raza.

Octubre de 1985 – Se inaugura el teatro recién terminado de la Plaza. Está dedicado y lleva el nombre de Margo Albert.

Enero de 1987 – Se inaugura la exposición de Frida Kahlo. Es la primera exposición individual de su obra en Los Ángeles. Más de 30 mil visitantes asisteron durante la duración de la exposición. 

1990 – Plaza de la Raza se une al programa Community Arts Partnership (CAP) con el California Institute of the Arts (CalArts) para brindar programas de teatro más rigurosos a los estudiantes.

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