
Por: Patti Reyes
IG:@lapattireyes
Los Ángeles.- Hay discos que no se escuchan: se confiesan. Que no buscan aplausos inmediatos, sino quedarse a vivir en quien los descubre. En un 2025 donde estuvo saturado de lanzamientos, listas y titulares, Pambo entregó una obra que se siente como un secreto compartido a medianoche, un álbum que no grita para ser visto, pero que arde para ser recordado.
«Lo que mi corazón desea mis ojos lo ven” no es solo un disco: es un acto de valentía emocional.
Las revistas especializadas celebraron —con justa razón— los grandes nombres del pop femenino en español este año: LUX de Rosalía, Femme Fatale de Mon Laferte, Cancionera de Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Belinda, Aitana, Cazzu y muchas más. Pero entre tanto reflector, se omitió una de las placas más honestas, delicadas y devastadoras del año. Pambo quedó fuera de las listas, aunque no fuera del corazón de quienes sí saben escuchar.
Desde 2024, la cantautora mexicana fue dejando pistas de este universo emocional a través de sencillos que funcionaron como cartas abiertas: “Domingo”, “Me faltas”, “Tan suave”, “Dejar pendiente”, “Buscándote a ti”, “Fondo”, las grabaciones íntimas numeradas y el reciente “Con la falta que me haces”. Canciones que, juntas, construyen un relato coherente, vulnerable y profundamente humano.
El álbum, de apenas 34 minutos, exige algo que hoy es casi un acto de rebeldía: escucharse completo y en orden. Pambo se abre sin armaduras y convierte cada track en una estación emocional. Desde la crudeza del intro “Nueva grabación 371”, donde confiesa su dificultad para llorar, hasta el viaje introspectivo que nos invita a tocar fondo, sentir, aceptar la tristeza y también la luz.
Los duetos son puntos de comunión y no de ornamento. “Con la falta que me haces”, escrita junto a Julio Ramírez e interpretada con Billy Méndez, recupera el espíritu original de una canción que ya conocíamos, pero que aquí renace desnuda, frágil y devastadoramente bella. “Almas paralelas”, junto a Sofi Mayen, confirma que cuando dos voces honestas se encuentran, la música se vuelve hogar.
El disco avanza entre grabaciones íntimas, guitarras orgánicas y letras que se sienten escritas desde el estómago. “Bonita” es una declaración de amor suave y luminosa; “De rodillas”, uno de los momentos más poderosos del álbum, convierte la promesa amorosa en una escena cinematográfica que eriza la piel. No hay artificio: solo emoción sostenida por canciones bien hechas.
“Buscándote a ti” y “Tan suave” representan dos caras del mismo proceso: soltar o quedarse, sanar o bailar la libertad. Incluso en la canción más alegre del disco, Pambo mantiene una coherencia emocional admirable. Aquí no hay hits prefabricados, hay verdad sostenida con melodía.
El tramo final es un golpe directo al pecho. “Mine”, en inglés, es sublime en su sencillez; “Me faltas” confronta los “hubiera”; “Dejar pendiente” habla de permitirnos sentir sin miedo. Y entonces llega “Domingo”, ese cierre melancólico que nos recuerda que los recuerdos no descansan, que el amor no se borra y que los domingos también duelen.
“Lo que mi corazón desea mis ojos lo ven”, es el trabajo más libre, personal y honesto de Pambo. Un álbum sin poses, sin estrategias de mercado, sin urgencia por agradar. Y precisamente por eso, es uno de los discos pop más importantes del 2025. Ignorarlo en las listas no lo hace pequeño; lo convierte en culto. Pambo no pide permiso: confirma que está aquí para quedarse. Y que todavía hay pop que se siente como verdad.
Sigue a Pambo y embriágate de su música:
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