Alimenta a hijos con hierbas, un ejemplo de la inseguridad alimentaria y hambruna en el mundo

Por: Nora Estrada
Marlene Rosales y sus cuatro hijos: Cinthia, Jose, Jordin y Genesis, es una de las familias que padece de hambre y que es asistida por el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. Foto: Gerardo Aguilar.

Los Angeles.- “Busco hierbas y eso les cocino. Nos ha tocado dormir solo con un trago de café”, dice Marlene Rosales que de esa manera alimenta a sus cuatro hijos porque no tienen dinero ni manera de conseguir alimentos.

Marlene, originaria de Santa Bárbara, Honduras, cuenta a reporteros del Programa Mundial Alimentaria (WFP por sus siglas en inglés), de Naciones Unidas, que ella y su esposo perdieron sus trabajos debido al Covid-19 y porque los devastadores huracanes Amanda, Eta y Lota empeoraron la situación de por sí ya difícil.

Antes de la pandemia, la hondureña vendía naranjas en la calle y su esposo trabajaba en una casa que desapareció debido a uno de los huracanes trabajaba.

“Primeramente nos quedamos sin trabajo, y hasta el sol de hoy nos ha costado conseguir trabajo. Antes hacía pastelitos, encurtidos… Me ha tocado hasta vender leña. Jalar leña, rajar leña… Hacer lo que puedo para luchar por mis hijos, seguir luchando por mis hijos.

“Condo no tengo, voy al monte y busco hierbas y eso les cocino. Solo me queda darle raíces a mis niños, como la hierba mora o mostaza que me regala el vecino”, expresó. “Cuando puedo se los revuelvo con huevo, pero cuando no hay, solo se los doy asado o cocido y nada más”.

A veces nos ha tocado dormir solo con un trago de café y a dormir y al siguiente día el mismo proceso”, dijo Marlene entre lágrimas. 

La hondureña cuenta que antes de la pandemia también se dedicaba al reciclaje de chatarra, botellas de plástico, latas, laminas, hierro, entre otras cosas.

Marlene y su familia ahora reciben las raciones de alimentos que les entregan de parte del Programa Mundial de Alimentos.

“He estado pasando con la ración que ustedes nos están entregando”, le dijo a uno de sus entrevistadores de WFP.

También asegura que no ha perdido la esperanza de tener una buena casa.

“De que mis hijos sean unas personas muy bien estudiadas y de salir adelante”.

SUEÑO INTERRUMPIDO

La historia del sitio online del Programa Mundial de Alimentos señala que Marlene, su esposo y sus cuatro hijos, Cinthia, Jose, Jordin y Génesis, se unieron a la caravana de migrantes que partió rumbo a los Estados Unidos a mediados de enero de 2021.

“La caravana era nuestra única opción; la vimos como una oportunidad”, dijo Marlene.

Se estima que entre seis y nueve mil personas entraron a Guatemala el 16 de enero en esta caravana, según el Foro Nacional de Migración, la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) y la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

El sueño de Marlene y su esposo era obtener un buen trabajo para alimentar a sus hijos y darles una vida mejor, así como terminar su casa en la aldea de Quimistán, departamento de Santa Bárbara. Sin embargo, fueron retornados desde Chiquimula, Guatemala.

“Me dio mucho temor, y todo se complicó. Nos tuvimos que regresar y aquí estamos de nuevo”, manifestó Marlene.

A pesar de que la caravana de migrantes no consiguió su objetivo, le preguntaron a Marlene si volvería a intentar irse. Dijo que sí. Sin embargo, sostuvo que no habría necesidad de migrar si tuvieran un trabajo para poner alimentos en la mesa de sus hijos todos los días y darles lo que necesitan.

CONFLICTOS, CLIMA Y COVID-19

Elio Rujano, responsable de comunicaciones de la región del Programa Mundial de Alimentos Oficina América Latina y El Caribe, contó parte de la historia de Marlene y dijo que es un reflejo de que muchas familias en Centroamérica están viviendo.

Ademas de Rujano, otros funcionarios del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas coincidieron en señalar ante una conferencia virtual organizada por Ethnic Media Services que los conflictos, el clima y el Covid-19 agravan la inseguridad alimentaria y de hambruna en el mundo de manera alarmante.

Y complementaron que esa situación obliga a muchas familias desesperadas a unirse a las caravanas de migrantes para huir de sus devastados países en busca de alcanzar el sueño americano.

Moris Ortiz (sentado) es uno de los beneficiados del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP, por sus siglas en inglés) y el Ministerio de Gobernación, que entregaron asistencia alimentaria a tres mil familias afectadas por el COVID-19. Foto: Cortesía/Ministerio de Gobernación de El Salvador

Centroamérica es la región es una de las más afectadas en el mundo debido a los cambios climáticos, en los últimos años varios huracanes potentes, como el Eta y Lota, destruyeron todo a su paso y dejando aún mas en la miseria a la mayoría de los habitantes. 

Rujano dijo que 6.8 millones de personas son afectadas en la región que representa.

“Este número podría subir pronto a 7.3 millones porque hay mucha gente que ha perdido sus fuentes de ingresos, han perdido sus redes de pesca y los agricultores sus herramientas para la agricultura. Este problema de inseguridad alimentaria llegó en un muy mal momento”, señaló.

Cuando Covid-19 se presentó, nosotros estábamos esperando que la situación en la región cambiara para bien, pero no fue el caso”.

Explicó que desde el 2014 los países como El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, han estado pasando por periodos  de sequías o lluvias excesivas que han destruido la forma de vida de mucha gente.

“Aquí la iniquidad es la mayor causa de la inseguridad alimenticia”, manifestó. “Eso agravó el problema que ya se venía arrastrando debido a los conflictos pandilleriles y políticos del pasado”.

Del 2015 al 2019 la región sufrió de los embates del fenómeno de El Nino, provocando sequía extrema.

“La situación empezó a mejorar al registrarse algunas lluvias, pero en el 2020 empezó la pandemia, y eso ha impactado a las comunidades urbanas. Una de las razones por las que digo que el hambre ha cambiado se debe a que en el pasado eso solamente sucedía en las áreas rurales, pero con el Covid-19 ya las personas padecen hambre en todas las zonas”.

El funcionario de las Naciones Unidas dijo que en Centroamérica el 70 por ciento de la población vive de la economía informal.

“Lo que pasa ahora con restricciones de Covid-19 es que la gente no sale a trabajar y por lo tanto no pueden satisfacer las necesidades básicas de sus familias”, dijo. “La están pasando muy, muy mal, no pueden llevar comida a sus hogares”.

Rujano informó que se requieren 47 millones de dólares para ayudar a la población de Centroamérica a mitigar el hambre.

Actualmente, la WFP tiene un programa para buscar nuevos cultivos que no requieran mucha agua y educar a los habitantes de la región para llevarlos a cabo.

“Historicamente en Centroamérica se planta maíz y frijoles, pero eso es muy frágil y necesitan mucha agua, entonces deben plantar alimentos que requieran menos agua.

“Se les está enseñandoa cultivar abejas para generar miel para y luego vender”, añadió Rujano.

LOS HAMBRIENTOS MÁS HAMBRIENTOS

Steve Taravella, portavoz principal del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, dijo que actualmente alimentan a cien millones de personas en 88 países.

“Para mitigar el problema, necesitamos 13 millones y medio de dólares, pero creo que solamente podremos obtener siete millones y 800 mil dólares 

Pero agregó que lamentablemente los conflictos, el cambio climático y ahora COVID-19 unas 270 millones de personas sufren de insuficiencia alimentaria y hasta de hambruna en los países mas pobres de Asia, África, Oriente Medio, América Central y América Latina.

“Hay como 270 millones de personas que pasan hambre. Antes de la pandemia teníamos 135 millones de personas con insuficiencia alimentaria, con la andéis, el número se duplicó.

“El covid-19 está empobreciendo aún mas a los mas pobres del mundo”, añadió.

Dijo que la violencia y el conflicto son las causas que generan mas hambre en el mundo.

“La violencia amenaza a la seguridad alimentaria, en forma de terrorismo, como los generados por Al Queda, Al Shabaab e ISIS”, senalo.

Taravella explicó que a los mas necesitados les entregan paquetes de alimentos básicos.

“Solamente damos lo mas básico para que la gente pueda sostener su vida hasta que haya una solución a largo plazo. Las comunidades con las que trabajamos no tienen electricidad ni refrigeración.

“Por lo que les damos harina, arroz, lentejas, aceite, sal, entre otros productos básicos”, comentó.

PADRES  DEBEN ELEGIR A CUAL DE SUS HIJOS ALIMENTAR

En Yemen, los padres muchas veces tienen que tomar la dura decisión de elegir a cual de sus hijos alimentar, de acuerdo a Annabel Symington, directora de comunicaciones del Programa Mundial de Alimentos en

Yemen, el país con mayor crisis humanitaria.

“El conflicto es el gran problema de la crisis alimentaria, son seis años de guerra”, comentó la funcionaria.

Dijo que aproximadamente cuatro millones de personas de una población de 30 se han convertido en refugiados internos, mientras que los precios de los alimentos son en promedio 140 veces más altos que antes de la guerra.

“La economía está muy mal. La moneda es muy volátil, perdió su valor desde que empezó el conflicto, y encima tienen dos tipos de moneda y la gente no tiene ni que ni cómo cocinar”.

Dijo que el Programa Mundial de Alimentos ayuda a más de 12 millones de personas en Yemen.

“La situación de hambre de Yemen ha llegado a un punto muy altos”, comentó.

Los datos, agregó,  dicen que en este país ya hay 50 mil personas que viven en condición de hambruna, otros cinco millones están en grave riesgo de caer en esa situación y 11 millones se encuentran en niveles críticos de inseguridad alimentaria.

“Estas personas ya están desesperadas. Los padres comen menos con tal de alimentar a sus hijos, incluso, muchas veces tienen que elegir a cuál de sus hijos hijos alimentar.

“En este momento hay gente muriendo de hambre en Yemen, es momento de actuar, no se puede esperar”, sentenció Symington.

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