SOY SOBREVIVIENTE DE cáncer… PENSÉ QUE ME MORÍA!

Por: Colaborador
Laura Pagliaro y su esposo Tony.

POR: Laura Pagliaro

El doctor me dijo: ¡Tienes cáncer! Y lo primero que pensé: ¡Me puedo morir!

Habían pasado solo tres meses desde que mi papi murió de cáncer, viajaba a México cada dos semanas para cuidarlo, apapacharlo y disfrutar los últimos momentos que nos quedaban juntos.

Y después yo…¡Por Dios! a mis 43 años me llegó una prueba tan dura que me robó mi vida entera de la noche a la mañana. Te lo cuento y brotan lágrimas de los muchos sentimientos encontrados que todavía vibro al recordar mi aventura de salud. Hoy sana y libre de cáncer hace casi 10 años ¡Gracias a Dios! tengo mi autoestima mas repuestita, pero todavía me acechan los recuerdos nauseabundos de mi martirio para lograr la cura de esta horrible enfermedad.

Hoy quiero contarte que el cáncer en mi caso (fue del seno) ha sido una enfermedad tipo huracán, que en su momento robó mi identidad, mis alegrías, mi integridad de mujer, mi autoestima, mi imagen y hasta mi pasión de escribir y trabajar. Desde el día que me diagnosticaron hasta la última quimioterapia y radiación decidí conscientemente que me iba recuperar si o si. Para mi, Dios me había enviado un castigo… lo cumplía con valentía, y después no le debía nada. Estaba enojada y ¡muy equivocada!

La lucha no fue fácil, tan no lo es (hablo en presente) que aun mi personalidad tiene destellos de las frustraciones que han logrado hacer cuenca en mi corazón y en mi mente.

No me reconocía en el espejo, estaba inflada como globo por los medicamentos, pero poco a poco acepté que el reflejo en el espejo no era el reflejo de mi corazón. Asumí que esa larga y frondosa cabellera de antes no me definía y que el cabello tan ralito que me creció era un  regalo. Y aun así decidí con enojo que las secuelas emocionales del cáncer quedarían ocultas para siempre…

… Pero escribir me ayudó a sincerarme, llorando a mares me desahogue, gritando de desesperación cuando estaba sola en casa me daba consuelo y al final me agarré de la mano que me tendió la mejor persona de mi vida: ¡Mi esposo!

El hombre que vivió el cáncer a la par conmigo, el que pasó noches en vela cuidando mis sueños, el que enjugó mis lágrimas y lloró conmigo para consolarme. El que cocinaba esa sopa con pollo que era lo único que podía digerir y pacientemente me alimentaba cucharada por cucharada hasta asegurarse que había comido algo antes de caer casi sin vida en mi cama.

Mi querido Tony que estuvo en cada una de mis quimioterapias, que me llevaba a la playa un día después para prepararnos mentalmente para los siguientes días de tortura que llegaban y, el que no se despegó de mi a pesar de la distancia de su trabajo.

Hoy quiero honrar a mi querido Tony, mi compañero de vida de 33 años que hasta el día de hoy sigue tan atento, amoroso, cariñoso, pero sobre todo ¡feliz de que estoy viva!

Cada paciente de cáncer merece tener un Tony en su vida. “Mi amor”, (como le digo de cariño)  se dedicó en cuerpo y alma a mi durante esta enfermedad y sin temor a equivocarme puedo decirte que la padeció tanto o más que yo y ese, es un hombre íntegro, mi cómplice  al que amo y agradezco eternamente.

Queridos lectores tener cáncer es solo el principio, sobrevivir el viacrucis y después tener la valentía para seguir adelante con el temor de que regrese, no es cosa fácil. Por eso te pido que hagas prevención auto explorándote y acudas al médico cuando sientas que algo no está bien. Tócate Ámate Cuídate… ¡Prevenir puede salvar tu vida!

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