Cuando el golpe es por la retaguardia

 

Por Alicia Alarcón

Lo extraordinario de cada día que vivimos, es que en cada uno de ellos puede ocurrir algo diferente, algo que puede afectar poco o mucho los días subsecuentes. Una enfermedad, un accidente son sólo unos ejemplos. Y esto fue precisamente lo que alteró y cambió mi rutina desde hace más de un mes. Un accidente de tráfico. Uno de esos accidentes que uno ve que le ocurren a otra persona en el freeway, sobre todo cuando pasa en cadena.  Lo vemos como algo lejano, un suceso que no nos puede ocurrir a nosotros porque  ejercemos la cautela al manejar y extremamos las precauciones.

Mi esposo frente al volante  lo vio por el espejo retrovisor y nos alertó: ¨Nos va a pegar¨.  El joven conductor tenía la cabeza agachada. No se percató de que los carros se habían detenido. Sin disminuir su velocidad chocó con el carro que nos seguía a corta distancia.  El ruido causado por el impacto no fue suficiente para que se percatara de lo que había hecho, el conductor afectado buscó refugio muy cerca de la barda, a su derecha. Ajeno a lo que había sucedido, el conductor responsable siguió con la misma velocidad y no fue sino hasta que se impactó con el nuestro que frenó. El daño ya estaba hecho, en menos de dos minutos había chocado con dos carros y  alterado la rutina de todos los ocupantes.

Aturdidos, confusos sobre quién le pegó a quien,  impactados por el golpe, nos compadecimos de aquel joven de origen oriental que aceptó con humildad su responsabilidad y confesó haberse dormido en el volante.  No había heridos. Los golpes recibidos por el impacto no requerían atención médica inmediata. Al final, con la ayuda de un agente de patrulla que hizo un reporte oficial de lo ocurrido, se hizo el intercambio de teléfonos, direcciones, pólizas de seguro y nos despedimos con la seguridad de que al siguiente día tendríamos un carro a nuestra disposición, cortesía del seguro del responsable y que sería en corto tiempo que todo se resolvería, incluyendo la reparación de mi carro.

La primera sorpresa fue enterarme, por parte de mi seguro, que nosotros debíamos de cubrir un deducible, que posteriormente se nos devolvería, siempre y cuando el seguro del culpable del choque lo cubriera.  Dos días después nos avisaron que mi carro estaba más allá de reparación alguna. A ese diagnóstico le siguió una oferta que apenas cubría el saldo que tenía todavía con la agencia de autos donde lo había comprado tres años atrás. Lo de tener un carro a nuestra disposición tampoco fue posible. El seguro del responsable no lo tenía contemplado y tampoco el mío.  

Rechacé la oferta porque nadie me obliga a aceptar algo que considero insuficiente. La ley es muy clara al decir que uno tiene  derecho a recibir el equivalente al valor que tiene tu carro en el mercado. Me di a la tarea de investigar las prácticas de los seguros en este tipo de accidentes y me quedó claro el por qué la mayoría recurre a un abogado para que lo represente.  La prioridad de los seguros es maximizar sus ganancias y gastar lo mínimo en los reclamos de sus clientes. ¨Eso es un negocio, no una institución caritativa.¨

En esta experiencia también aprendí lo importante que es tener dentro de la póliza lo que llaman cobertura para ¨insured motorist¨  es decir, en caso de que la persona responsable del choque no tenga seguro o la cantidad que tiene resulta insuficiente para cubrir los daños, el seguro del afectado tiene la obligación de cubrir lo que falte. Gracias a mi marido yo tengo esa provisión.  Ahora me doy cuenta que fueron los 60 dólares anuales mejor invertidos. Es un costo extra que se agrega al precio de la póliza.

Mi carro por ahora está a la intemperie, lo cubren varias capas de polvo en el taller mecánico que lo ha desahuciado.  Mi apego a las cosas materiales es mínimo, pero debo confesar que extraño mi auto, su potencia, el quemacocos que bañaba de luz el interior, sus luces especiales que me permitían ver los más mínimos detalles del camino durante la noche.  En otro artículo les compartiré la conclusión de este accidente, también les confesaré si la decisión de rechazar dos ofertas del seguro de autos me dio resultado o me salió peor.

 

 

 

 

 

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Nora Estrada naestrada@kioskonews.com

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