Lo que debes saber antes de firmar un préstamo estudiantil

Por Alicia Alarcón

Maribel se apresura a pasar a los pacientes al cuarto de terapia. Ella es la terapista, pero también se encarga de asistir al doctor para el que trabaja. ¨Aquí yo tengo que hacerla de todo”.  La rutina de Maribel empieza a las 6:00 de la mañana y hay días que termina a las 9:00 de la noche. Su único día de descanso es el domingo. ¿Y alcanzas a descansar?  ¿No, pero qué hago? Tengo una deuda que no baja¨.

La deuda a  la que se refiere Maribel y que viene abonando desde hace más de 15 años, fue un préstamo estudiantil que empezó con una cantidad que creyó iba a cubrir en cuanto encontrara empleo, pero que se fue acumulando con recargos e intereses al equivalente de 5 veces más de la cantidad original.

¿Cómo pasó esto? ¨Yo estudié para ayudante en el quirófano y no encontré trabajo en eso, tuve que sacar otro préstamo para estudiar asistente médico y en esa área sí, hay mucho trabajo, pero pagan poco cuando uno empieza. Lo que cuenta es la experiencia. Ahorita tengo dos trabajos, uno en la mañana y otro en la tarde¨.

La historia de Maribel es la de cientos de miles de estudiantes que en su afán de obtener un título a corto plazo, se inscriben en escuelas privadas en donde la promesa de una carrera corta bien pagada, con una inversión de menor tiempo del que se requiere en un colegio comunitario, los convence de que esa ruta es la mejor. Llenos de entusiasmo, la mayoría convencen a sus padres para que se conviertan en fiadores de una deuda que en muchos casos termina siendo impagable por los intereses y recargos que se acumulan en poco tiempo.

¿Cómo una buena intención de superación puede terminar en una pesadilla financiera?

La respuesta es muy sencilla. La mayoría de los padres firman sin entender los términos del contrato que tienen enfrente.

Esto me lo han dicho una y otra vez asesores financieros a quienes he entrevistado en diferentes ocasiones. ¨Me sorprende que los papás no se toman el tiempo de leer o entender lo que están firmando¨. Me aseguró uno de ellos.

Lo que no se percatan los padres, ni los estudiantes se preocupan por entender es que ese préstamo empieza a generar intereses desde el momento que llega a la escuela. Si el deudor no empieza con un plan de pagos desde el primer mes de clases, la deuda empieza a generar intereses al 5% mientras se estudia y aumenta a 8.25%  anual cuando termina el curso.

 

El documento que firman los estudiantes y los papás se llama Promissory Note, ahí se detalla muy claro los términos y condiciones del préstamo. El mensaje del gobierno en términos legales y que yo se los pongo en términos coloquiales es el siguiente.

¨Yo te presto para que estudies, si no me abonas, ten en cuenta que para cuando termines la carrera me vas a deber mucho más por los intereses. Te voy a dar 6 meses para que me empieces abonar. Si en esos seis meses no encontraste empleo, ese no va a ser mi problema y te aviso que si no me empiezas abonar además de los intereses te voy a poner recargos¨.

El gobierno, también en términos legales, les da el siguiente mensaje.

¨Ni se te ocurra irte a la bancarrota pensando que así no me vas a pagar, mis préstamos no están sujetos a bancarrota y tengo la autoridad de embargarte tu salario si así lo decido¨.  Esto quiere decir que los préstamos del gobierno no se perdonan, no hay bancarrota para ellos y van a recurrir a todos los medios legales para recuperar su dinero.  ¨Nadie se salva¨.

Así vemos a estudiantes graduados de las carreras más diversas trabajando de meseros, lavaplatos, dependientes y en otro tipo de oficios que nada tienen con lo que estudiaron, su objetivo: Pagar una deuda inflada por los intereses y recargos. ¿Es esto lo que quieren para sus hijos?

¿Cuál es la mejor opción?

Mi recomendación es que antes de inscribirse en una escuela privada y contraer una deuda, busquen las opciones que hay de la misma carrera en colegios comunitarios. El camino es más largo, pero salen sin el fardo de una deuda. La otra opción, que es la mejor, es la de no perder el tiempo y graduados de High School  aprovechen las becas del gobierno para estudiar en un colegio comunitario y administrar bien su ayuda financiera para que les alcance para graduarse de una Universidad Estatal.

En el país más poderoso de la tierra no debiera haber deudas estudiantiles impagables, sobre todo si los deudores son padres de familia que lo único que quieren es ver a sus hijos triunfar y estudiar una carrera, no importa si se gradúan de una Escuelas Técnica, Colegio Comunitario o Universidad Públicas. La función del gobierno debe ser proveer de espacios educativos a todos los que los deseen y no obligarlos a endeudarse porque no encontraron cupo en una Institución pública.

Los miembros del Congreso no tienen este problema, la mayoría de sus hijos acuden a Universidades de Prestigio privadas y públicas. Es el padre que trabaja en una fábrica, es la madre que limpia casas quienes al final terminan con la pesadilla de una deuda que los mantiene sujetos a abonos mensuales que cubren nada más los intereses.

El único político en el Congreso que ha tenido el valor de encarar el problema es el Senador Independiente de Vermont Bernie Sanders. ¿La postura de los demás?  “¡Que paguen! ¿Para qué firmaron?¨.

 

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