En el país equivocado

Bety de Leon 3

Lupita, recuerdo cuando tus amigos querían seguir la fiesta en ese antro de Barcelona y nosotras queríamos descansar. Sin trasporte, caminamos kilómetros hasta llegar a tu departamento en la calle Padilla, cerca de la Sagrada Familia.

Mary, recuerdo nuestro primer día en Madrid, cuando el cambio de horario no nos dejaba dormir y salimos a caminar por la ciudad, en los alrededores del Mesón Chelo, donde nos hospedábamos. Era mayo y un reloj electrónico marcaba 13 grados. ¡Qué importaba el frío o el cansancio para dos estudiantes de letras felices y risueñas por la capital española.

Diana, recuerdo cuando llegamos a la estación de tren en Brujas y preguntaste al taxista si podía llevarnos al hotel. Él nos advirtió que el traslado saldría muy caro y nos recomendó caminar hasta el hotel, dijo que quedaba a unas calles, que nos fuésemos por el parque, que era seguro a pesar de que ya pasaba de la medianoche. El parque era una maravilla, y tú, a tus 18 años, estabas fascinada por cada detalle del recorrido.

Dora, recuerdo cuando volvíamos ya tarde al hotel después de un largo paseo por Ámsterdam y me reencontré con mi hermoso chal que había extraviado por la mañana; me esperaba amarrado en una reja, donde algún buen samaritano lo había resguardado por si alguien lo buscaba.

Amigas, recuerdo nuestro largo viaje nocturno, de Roma a Barcelona, en tren. Platicando con los compañeros de ruta, de diversas nacionalidades. ¿Qué hacían esas seis muchachas viajando de noche? Descubrir el mundo, ser felices, vivir.

Valerie y Carmen, recuerdo el verano en la Isla del Padre (Texas), con un calor infernal que nos obligaba a ir en short o bermudas a todas partes. Sentirnos libres en la playa o en los centros comerciales, salir de madrugada del antro y caminar hasta el depa, donde varias veces activamos la alarma contra humo porque no sabíamos cocinar.

Recuerdo cuando me extravié por las calles de París y caminé por horas, sola, hasta dar con el hotel donde me hospedaba con un grupo de amigos, quienes entre risas escucharon mi aventura.

No, no es el salir a divertirse con las amigas, ni la juventud, el antro, el horario, el barrio, el taxi o la ropa que llevas puesta. Es México y es la impunidad.

Un México donde te acosan, te maltratan o, en el peor de los casos, te asesinan.

Si te quejas, te despiden o te critican.

Si te defiendes, te castigan.

Si te confías, te violan o te matan.

Y, si te matan, te juzgan, te re-victimizan.

Eso le sucedió a Mara Fernanda Castilla en la ciudad de Puebla. La estudiante universitaria de 19 años que salió a divertirse con unos amigos el viernes 8 de septiembre. Tomó un taxi para regresar sola a casa, pero nunca llegó.

Segun las autoridades, el conductor la secuestró, violó, estranguló y, después, abandonó su cuerpo en un despoblado, donde fue hallado siete días después.

El caso ha calado hondo en México, por el crimen y por los comentarios machistas desatados a su alrededor culpando a la joven por exponerse al peligro.

A Mara, como a miles de mujeres, le tocó nacer en el país equivocado.

Beatriz De León, periodista y profesora universitaria, radica en la Ciudad de México, donde colabora en medios impresos.

 

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